CAPÍTULO 40 - Condenada

1744 Words

Mi voz se quebró, el llanto asomó de nuevo, ¿no se me acabarán las lágrimas?, vi misericordia en ella, debía inspirar lástima. Sí, eso era lo que inspiraba, lástima. Preparé el desayuno, Martín dormía lo mismo, Clementina. Hice un caldo para Antonio, supuse que era más fácil y rápido alimentarlo con algo líquido. El ama de llaves entró en la cocina. —No dormiste nada. —No tiene mucho de haberse retirado. —Con dos horas es más que suficiente. —Ya hice la comida, ¿te ayudo a subirlo? —volvió a mirarme con cara de no se exponga a otro desprecio—. Lo dejaré en la mesa del pasillo. Comenté y asintió. Dejé la bandeja en la mesa, ella había ingresado, dejó la puerta entreabierta, alcancé a escuchar la conversación con Eduardo. —¿Cómo sigue el joven? —Igual. —La voz de Eduardo era fatal, se

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD