Esperaba el recado por parte del padre, me hizo caminar a un lado. —¿De Antonio? —asintió. —Pasaron un momento, a eso de la seis a recibir su santa comunión y me dijo que no te preocupes, que en la tarde te visitará, se encuentra terminando los arreglos de la casa y tiene secuestrado a su hermano ayudándole. Continuó sonriente, para nuestro sacerdote no había un mejor partido para mí que Antonio. » Solo le quedan cinco días para dejar la casa como la mereces. —El Padre término de arreglarse—. Me cae muy bien ese joven, te hará feliz hija. —Gracias. No le presté atención a la misa, pensando en Antonio, sin él nada era lo mismo. Al llegar a la casa, Manuela se tumbó a dormir. —¿Cómo lo haces? —¿Hacer qué? —refutó con los ojos cerrados. —Dormir tanto en los últimos. —¿Por qué será

