Desvié la mirada al sentir su cercanía. Estaba hecha un desastre. —Disculpa, no te esperaba hoy. No… no dijiste que vendrías y mírame. —escuché su risa. —No seas tonta, de cualquier forma, te ves hermosa. Veo que te gusta la cocina. Su mano tomó mi mentón, decenas de mariposas se estrellaron en las paredes del estómago. Mi padre nos dejó solos, nuestras miradas se encontraron y en sus ojos vi lo que había esperado estos días, el sendero a seguir. » Ya no podía pasar un día más sin verte Mariana. No tengo mucho tiempo, pero necesitaba verte. —¿Puedo abrazarte? —pregunté. —Hace mucho deseo que lo hagas y… No lo dejé terminar, me lancé a sus fuertes brazos, sus brazos rodearon mi cintura, mientras yo me adueñé de su cuello, despegó mis pies del suelo, mi rostro se fundió en su cuell

