Él había sido sincero y respondí de la misma manera. —Los vi en el jardín en la reunión de los Bertalot y tú le sonreías aparte que le tenías la mano tomada. —Creo que sufrimos un grave problema de confianza, —me miró—. Si te hubieses quedado un segundo más te habrías dado cuenta de mi rechazo. Viste el momento en cuanto tomé su mano para alejarla. —Lo siento. Sus ojos eran mi refugio, así los sentí cuando me miró de esa forma tan intensa. Desvió la mirada y continuó con el relato. —Tú comenzaste a lanzar truenos, tus ojos se convirtieron en una amenaza, emitías tanta energía. Sabía que ya era el momento de enfrentarnos. Fue doloroso decirte lo que te dije, lo lamento. Pero no fui capaz de levantarte la mano, no pude pegarte, supe que serías tú quien me matara, yo no tenía el valor

