Me llevé una mano a la cintura, con la otra pasé un mechón por detrás de mi oreja. Me miró de pies a cabeza, sus ojos volvieron a tener ese matiz plata, me sonrojé al darme cuenta de que en esta ocasión sí reparaba mi cuerpo. Desvió la mirada y podría jurar que también se sonrojó. —Eso. Que el universo conspira. Le dije, tenía tanta vergüenza, la bata era transparente y no tenía ropa interior… él debió de haberlo notado. Mientras más pensaba más calor sentía mi rostro. » ¿Por qué dices que soy tu diosa? Debía desviar la energía surgida entre nosotros. Se me acercó más, el corazón comenzó a palpitar en demasía. Se desabotonó la parte superior de su camisa y los nervios emergieron para instalarse en mi estómago, los nervios estaban emergiendo en esa parte de mi cuerpo. Sacó una cadena e

