Al despertarme me dio miedo abrir los ojos, los mantuve cerrados, lo sentí a él, no había sido un sueño. Mi rostro descansaba sobre su pecho, mi brazo lo rodeaba por la cintura, mis pies entrelazados a los suyos, continuábamos desnudos. Pronto saldrá el sol, sin embargo, los pájaros ya cantaban. —suspiré—. Recordé lo vivido anoche. Me dolía el cuerpo, era mi primera vez con el hombre que amaba y juramos ante Dios. Fui yo quien le pidió ser amada, abrazada de manera más fuerte, deseé que me estrechara contra su cuerpo, necesitaba fundirme con él, no me importó el dolor previo ante su invasión a mi cuerpo. Ese recuerdo me hizo sentir vergüenza, yo fui quien… ¡Ay! Dios, ¿cómo iba a verlo ahora? Su mano acarició mi cabello y espalda, estaba despierto, yo aún mantenía mis ojos cerrados. —Buen

