Le exigió mi madre, ya no existía un protocolo, estaba siendo agraviada sin motivo alguno. —No te metas mujer, ¡tú tienes algo de culpa por no prestarle atención a tu hija! ¡Lo que nos hizo es una blasfemia para nosotros! —¡¿De qué diantres hablas?! Le respondió el grito. Jamás lo habían hecho… ¿Qué pasaba con mi familia? —¡No te metas! —volvieron a gritarse—. Llévate a Manuela a su recámara, no he terminado con… Su mirada fue igual de repulsiva a las ofrecidas por lord D’Montecarlos, me aferré a los brazos protectores de mi progenitora. Temía de nuevo una represalia de nuevo otra vez, si ella se va de mi lado, estaré aún más vulnerable. Pero lo hizo, sus manos temblaban más que las mías, yo era un torrente de llanto, no entendía su actitud. Lord Antonio le dijo algo al oído, al

