Vi salir a Clementina, abracé el conejo y tuve la conexión más extraña de mi vida. Tal vez… no esté bien de la cabeza, pero me alentó saber que para ciertos seres era indispensable. Mi conversación fue mental, extraña y al mismo tiempo reveladora. «Los Animales tienen frío, no han visto el sol en estos días». Habló Conín, en mi cabeza. «Es por mi culpa, me duele el alma». «Te necesitamos. Si tú estás triste, la naturaleza también». «¿Qué dices?» «Eres nuestra fuente de energía». No entendía lo que me decía Conín. «¿Energía?» «Sí… debes superar tu dolor, ser fuerte, por nosotros». Se aferró a mi cuello y una descarga de imágenes jamás vistas se revelaron ante mí, vi el mar, la nieve, las montañas, los ríos, cientos de animales: salvajes, marinos, aéreos, terrestres, de todas las

