— ¿Cómo? ¿Por qué no? ¿No confías en mí? — me pregunta Sheila al mismo tiempo que hace pucheros con sus labios como si fuera una bebé consentida por su madre que quería recibir de ella algo a cambio de portarse bien. — Sheila, no es eso, es solo que ese asunto no es mío, es asunto de mi padre, eso es lo único que puedo decirte — le he respondido. Pero justo antes de que ella pudiera haberme dicho algo más, decidí que lo mejor que podía hacer era callarla, y entonces, me acerqué a ella de tal manera que ella entendiera que estaba por besarla, además de que estábamos en medio de un bosque, me apegué contra el tronco de un árbol al mismo tiempo que agarraba a Sheila de la cintura y la apegaba más contra mí, provocando que pudiera yo sentir su intimidad y que ella sintiera la mía a pesar de

