Cuando llego a la cama, me quito los tacones con torpeza y los lanzo en la esquina de mala gana. Camino descalza y me dejo caer boca arriba sobre el colchón, dejando salir un enorme suspiro. Inhalo y exhalo. Comienzo a respirar con calma, porque me urgen calmarme en este instante. Cada recuerdo, cada encuentro, empiezo a repasarlo en mi cabeza solo para ordenar a dónde pertenece cada uno. El primer encuentro con Radek fue en ese restaurante al que me envió Odette. Él estaba sentado en esa mesa con esos hombres y no me apartó la mirada de encima. Se atrevió a seguirme al tocador y, sin darme tiempo a procesar lo que estaba pasando, me besó. Fue un beso bastante impulsivo, cargado de una intensidad pícara y seductora que me sometió bastante rápido y me llevó a corresponderle. Pero en mi d

