Despierto por culpa de los rayos del sol que se filtran a través de la pared de cristal. Anoche estaba tan sumergida en mis pensamientos, que olvidé hacer correr las cortinas. No quiero levantarme de la cama, pero tengo que hacerlo. Por mucho que mi cuerpo hoy esté sintiendo los estragos de mi fatídico escape y de todas las emociones que me sobrepasaron, debo mover mi trasero. Bostezo con ganas al tiempo que me estiro para destensar cada uno de mis músculos. Grito con fuerza, solo porque sí y vuelvo a bostezar, esta vez mirando mi mano. Está hinchada, pero el dolor al menos no es tan intenso como anoche. La muevo con cuidado, sintiendo cómo el dolor parece despertar con un poco más de intensidad pero no al punto de prohibirme moverla. El dolor es soportable y estoy segura de que si me t

