La sonrisa que Radek me muestra, me derrite el corazón. No porque me haga suspirar, sino porque justo así la recuerdo. Una sonrisa desganada dada por un chico que desde pequeño anduvo en las calles al igual que yo. Quizás por eso fue por lo que compaginé especialmente con él cómo lo hice, porque cuando lo llevaron al orfanato, era un chico bastante roto. Fue muy rebelde al comienzo, nadie lo entendía y solo se la pasaba peleándose con los demás. Supongo que eso es parte de su impulsividad. Pero, estoy segura de que nunca lo vi con otros ojos. Él asegura haberme querido, pero yo apenas era una chiquilla traviesa que solo quería jugar. A mis diez tal vez si me sonrojé como él lo asegura. Pero vamos… ¿Cuántas de nosotras no lo hemos hecho cuando nos miran con coquetería? —¿Ves, Kasia? —Ext

