—¿Siempre eres así tan amargado? —cuestiono con fastidio a pesar de la amenaza. Rhyszard me ofrece una leve sonrisa, pero en sus ojos sigue mostrándose el peligro. El mismo peligro que estoy esforzándome en no prestarle atención para poder continuar con esto. El hombre me ha amenazado. Está muy seguro de hacer lo que se propone si sigo por este camino. Por las palabras de Odette y lo que él mismo me ha demostrado hasta ahora, no creo que no lo haga. El hombre que vi en el bar de Mark, junto al mismo que Gael y Odette me han descrito en la última semana, me deja en claro que debo irme con cuidado. —Solo a veces. Enarco la ceja, porque eso ni él mismo se lo cree. Pero antes de que pueda darle réplica, la presencia de una mujer entrando a la habitación llama mi atención. Trae un carrito

