Le sostengo la mirada con firmeza, sintiendo cómo la suya logra hacerme sentir desnuda a pesar de que no hay deseo en ella. Lo que hay oculto en los ojos de este hombre es otra cosa, algo más crudo y visceral. El hecho de que me haya dicho que el dinero le ha dado el placer de conocerme, aun cuando sus palabras suenan como un cumplido, me hace sentir incómoda. Si cree que soy una puta cara, está demente. «¿Qué más puede pensar de mí?». Mi mente corre como un tren sin frenos. No sé qué tanto Odette le haya dicho de mí y que carajo es lo que desea este hombre conmigo. Solo pienso en sexo. Es lo único que se me viene a la cabeza —¿Le incomoda mi presencia? —No —miento. Y lo hago con una firmeza que yo misma me aplaudo—. Solo me sorprende su seguridad. Es todo. Me otorga una amable sonri

