Despertar no me cuesta tanto como intentar mover los párpados. Me pesan demasiado y por lo mismo me cuesta abrir los ojos. Siento cómo un leve vértigo me atraviesa al tiempo que el dolor de mi cuerpo se hace presente. Mi queja no tarda en hacerse presente. Gruño aun con los ojos cerrados, removiéndome sobre la suavidad de esta cama. Quiero quedarme acostada todo el día. Quiero dormir por muchas horas, sin importar si como o no, si me ducho o no. Solo quiero quedarme aquí a recobrar fuerzas. Cada músculo de mi cuerpo duele como si me hubiera chocado un camión. Vuelvo a quejarme, intento moverme para estar mas cómoda, pero de repente, los últimos momentos atraviesan mi mente, me golpean, volviéndome a la realidad y caigo en cuenta que estoy en una cama y, sin mirar, puedo apostar que estoy

