Hasta el último suspiro. Capítulo seis.
A pesar de estar enferma, pasé un día increíble, Alan hizo que todo valiera la pena, disfrutamos mucho de la comida, la verdad es que a mamá parecía agradarle bastante y eso me hacía muy feliz, porque definitivamente el hecho de qué ellos dos se llevaran bien, significaba una gran tranquilidad para mí, pues sabía de otras relaciones que tenían bastantes conflictos porque la mamá y el novio se llevaban de lo peor. Pero volviendo al tema de la enfermedad, esta mañana me sentía mucho mejor, los remedios caseros de mamá, las atenciones de mi novio y el descanso habían logrado el efecto esperado, así que me levante, hice mi acostumbrada rutina de ejercicio y me preparé para partir a la escuela. Mi madre me llevaría, así qué debía darme prisa para que ella no se le hiciera tarde, tenía un trabajo muy absorbente donde cada minuto contaba, su jefe a pesar de tenerle mucho cariño, era bastante estricto, y como mamá era su mano derecha, no podía faltar en ninguna de las decisiones que se tomaran dentro de la compañía en la que ella laboraba. Por otra parte, Natalia caminaba como todas las mañanas hacia la parada de autobús que la llevaría a la universidad, pues a diferencia de la gran mayoría de los alumnos de nuestra escuela, ella pudo estudiar allí gracias a una beca que obtuvo por sus excelentes promedios. En muchas ocasiones nosotros le propusimos que podríamos pasar por ella, pero Natalia nunca aceptó, decía qué si quería salir adelante en la vida, debía lograrlo por sus propios medios, sus padres trabajaban mucho para darle lo mejor, y aún cuando su posición no era la de una familia adinerada, no le faltaba lo más indispensable y podía costear los materiales de su escuela a base de muchos esfuerzos. Esperaba que cuando terminara la universidad, ella pudiese encontrar un buen trabajo y así poder ayudar a sus padres y retribuir todo el esfuerzo que hicieron para que ella pudiera conseguir sus metas. Natalia era una chica muy introvertida, pero eso sí, bastante dedicada y perfeccionista en cuanto a sus estudios, daba los mejores consejos, y de las tres siempre fue la más ecuánime. Estaba apunto de llegar a la parada, cuando un coche se detuvo frente a ella, el conductor bajó la ventanilla y comenzó a hablarle.
– ¿Eres Natalia verdad?, la amiga de Mariam– preguntó Marcus quién también estaba yendo rumbo a la universidad.
– Así es, ¿y supongo que tú eres Marcus? – dijo ella.
– Soy amigo de Alan, y si vas a la escuela puedo llevarte si quieres – propuso.
– No es necesario, cómo puedes darte cuenta ya casi llego a la parada de autobús –.
– No me cuesta nada llevarte, vamos para el mismo lugar –.
Natalia no acostumbraba a confiar en nadie, le costaba mucho trabajo relacionarse con la gente, pero finalmente accedió a que Marcus la llevara. El silencio era el principal protagonista entre los dos, pues ambos eran bastante retraídos, y no acostumbraban a expresarse mucho, no obstante, cuando Natalia escuchó la música que sonaba en el stereo, la hizo relajarse e iniciar la conversación entre ellos.
– Oye eso suena genial, no todos los chicos escuchan esa clase de música, por lo regular les parece aburrida – dijo.
– Pues como puedes ver, soy la excepción a esa regla, y creo que yo también, no soy como los demás, no me gusta lo mismo que les gusta a ellos– reconoció.
– Pues entonces ya somos dos, soy abismalmente distinta a mis amigas y a los chicos de la universidad, no acostumbro hacer las mismas cosas que hacen todos, no frecuento los mismos lugares, pero adoro a mis amigas, por eso siempre estoy con ellas aún cuando sus gustos no sean los mismos que los míos-comentó.
– Yo no pierdo mucho el tiempo con esas cosas, lo único que me interesa es terminar la universidad, quiero valerme por mi mismo y no depender de mis padres, nunca me ha faltado nada con respecto a lo económico, pero a veces eso no es lo más importante – dijo con tristeza.
– Claro que no, el dinero no da la felicidad, y eso te lo puedo decir por experiencia propia, mis padres no tienen una posición acomodada pero jamás me ha faltado cariño y apoyo por su parte, y con eso me basta, lo demás vendrá después, y estoy segura que podré conseguirlo con mis propios esfuerzos –.
A Marcus le conmovieron profundamente las palabras de Natalia, pues casi todos los chicos de la universidad eran jóvenes frívolos a quienes solamente les interesaba salir con chicas o ir de fiesta, comprarse cosas de marca y andar en coches último modelo. Pensaba en lo bonito que sería tener una familia con la cual compartir momentos felices, una madre que se preocupara por él y un padre que no solamente estuviese pendiente del dinero y de proporcionarle lo que necesitara económicamente hablando, sino que pudiese platicar, contarle sus cosas y pedirle consejos.
– Pues mis padres nunca están, casi todo el tiempo me la paso con el personal que trabaja en mi casa, y como te dije antes, mi perro es mi única compañía, por ejemplo hoy que es mi cumpleaños estaré solo como siempre, pero supongo que ya debe estar acostumbrado, no creo que tú sepas de eso porque como dices, tienes una familia que siempre te espera, y eso es muy bueno, y me alegro por ti – expresó.
Natalia sabía lo que se sentía ser excluido por los demás, antes de conocer a Annie y a mí, era una pequeña muy solitaria, y más allá de nosotras, no convivía con nadie más, inclusive teniéndolos junto a ella, a veces recibía el rechazo por parte de los demás chicos por su forma de ser, de vestir y por los gustos tan diferentes que ella tenía. Entendía perfectamente a Marcus y en ese momento sintió una gran tristeza por él, pasaría en soledad su cumpleaños, una fecha que se supone debería ser especial, donde pudieses festejar con la familia y con los amigos, él no tendría esa fortuna y eso le preocupaba a pesar de no conocerlo mucho.
– Sé que esta frase suena bastante trillada, pero es lo que se dice en estos casos, feliz cumpleaños Marcus, espero que este año esté lleno de cosas buenas para ti – exclamó sinceramente.
– La verdad lo dudo, pero de igual manera agradezco lo qué me dices – respondió.
Llegaron a la universidad y cada uno se dispersó rumbo a su salón de clases, cursaban carreras distintas así que las asignaturas por ende eran otras. Cuando estaba llegando a su aula, Marcus Fue interceptado por Tony, quien le bloqueó el paso y comenzó a molestarlo como siempre.
– ¿Adonde crees que vas?, espero que hayas traído mi tarea si no quieres que te pase lo de la otra vez maldito Freak– amenazó Tony.
– Ya basta, deja de molestarme, ¿por qué no te buscas a otro a quien joderle la existencia? – contestó armándose de valor a pesar de las consecuencias que sabía que eso podría tener.
– Vaya, parece que por fin te pusiste los pantalones nenita, pero conmigo eso no te sirve de nada, yo te molesto cuántas veces me dé la gana imbécil, y ya, deja de hacerte el valiente y dame mi tarea si no quieres que ahorita mismo te parta la cara – advirtió.
Tony lo tenía sujetado por el cuello y estaba ejerciendo bastante presión sobre él, la cara de Marcus se encontraba roja de enojo, sentía mucha impotencia por no poder responder a las agresiones de ese sujeto tan perverso.
– Ya, aquí está tu tarea déjame en paz – contestó por fin.
– Así me gusta, que me obedezcas escoria, y más te vale que no le digas a nadie, porque ya me conoces y sabes de lo que soy capaz – le dijo amenazándolo una vez más.
Unas cuantas lágrimas empezaron a brotar por los ojos de Marcus, su pulso se encontraba acelerado por el coraje que sentía, quería golpear a Tony y hacerle pagar por todo el daño que todos los días le hacía, tal parecía que se ensañaba con él, como si le tuviese mucho odio, Marcus quería desaparecer de la faz de la tierra, todo en su entorno resultaba tan desagradable, la gente parecía despreciarlo sólo por el hecho de ser diferente, de no pensar como el mundo, de no actuar como el mundo, pero en ese momento no le quedaba más remedio que aceptar su realidad, por más cruel y dura que está afuera, ya no tenía esperanzas, ni pensaba que las cosas pudieran cambiar para el, así que lo único que le quedaba era terminar sus estudios, montar su propia empresa de tecnología y no depender de nada ni de nadie, y quizás algún día poder desaparecer de todo ese sistema que tanto mal le había causado.
Por otro lado, Natalia llegó al salón de clases donde ya la esperábamos Annie y yo, se veía un poco cabizbaja, por lo qué de inmediato fuimos a ver qué le pasaba, ya que las clases estaban por comenzar, pero no queríamos dejar que ella siguiera así.
– ¿Pasa algo Nati?– Le pregunté preocupada.
– Yo estoy bien, pero hoy cuando venía para la universidad, me encontré con Marcus en la parada de autobuses, él se ofreció a traerme y cuando empezamos a platicar salió a relucir que hoy era su cumpleaños y que la pasaría muy solo, y la verdad es que me dio mucha tristeza, se ve que ese chico está muy solo y que sufre mucho – relató.
– Tienes razón, siempre está solo y se ve que no tiene amigos, y por lo que dice también su familia está ausente – contesté.
– Pues entonces pongámosle una solución, vamos a prepararle una fiesta de cumpleaños a Marcus – propuso Annie.
– Eso es una gran idea, podríamos invitar a todos menos a la bruja de Elena y a Tony por favor – solté de repente.
– Pues entonces ya está decidido, después de clases nos ponemos en esas y organizamos la fiesta –.
– Esa es música para tus oídos amiga, con lo que te encanta echar relajo– dije lanzándole una mirada divertida a Annie.
– Hay algo de eso, bueno, sí, reconozco que me encanta pasarla bien, pero esta vez es por una buena causa, así que supongo que cuenta por dos ¿no lo creen? – presumió ella.
– Ustedes son las mejores amigas, siempre pensando en los demás – comentó Natalia.
Todo estaba decidido, haríamos la fiesta para celebrar el cumpleaños de Marcus y que por primera vez no se sintiera tan solo, no sabíamos cómo tomaría el detalle, pues no estaba acostumbrado a que los demás hicieran cosas por él, pero nos esmeraríamos para que todo saliera tal como queríamos. El único que podía ayudarme era Alan, pues ellos parecían llevarse bien, tal vez no eran los mejores amigos pero a Marcus parecía simpatizarle.
– Hola bebé, espero que hayas amanecido excelente– le escribí.
Inmediatamente él contestó mi mensaje con su acostumbrado galanteo que tanto me encantaba.
– Preciosa, tu mensaje no podía llegar en mejor momento, me alegraste la mañana – me dijo.
– Me alegro de qué así sea, pero también te escribo por otra razón –.
– Cielos, acabas de herir mis sentimientos, ja ja, no te creas, dime amor-.
– Resulta que hoy es el cumpleaños de Marcus, y al parecer pasará sólo su cumpleaños, por eso a mis amigas y a mí se nos ocurrió que podríamos organizarle una fiesta sorpresa, que dices, ¿me ayudas? –.
– No sabía que era su cumpleaños, pobre, lo he tenido muy abandonado, y lo de la fiesta me parece una excelente idea, cuenten conmigo para todo lo que necesiten preciosa – señaló.
– Nos ponemos de acuerdo en la salida, te amo – me despedí.
Me hacía mucha ilusión participar en algo que pudiera hacerle bien a alguien, así que trabajaríamos fuertemente para que esto fuera una fiesta inolvidable para el.