días de desastres
El sonido de un fuerte estruendo chillón me despertó haciéndome casi saltar de la litera.
¿Qué mier…?
Me senté en la cama bruscamente sintiendo su corazón latir más de diez mil veces por segundo, pestañé un par de veces acoplándome a la luz y me di cuenta que todas mis compañeras de habitación se encontraban de la misma forma desorientada que yo.
—¿Qué fue eso? —dijo una chica al otro extremo de la habitación, ella dormía en una las primeras literas, su cabello era de un profundo azul oscuro donde se le notaba la raíz negra, en su rostro y orejas tenía perforaciones incontables, sin hablar de los tatuajes que cubrían sus brazos y piernas.
Me hizo recordar a los tatuajes de Justin ayer… mis mejillas se calentaron en un fuerte sonrojo, aun no asimilaba que semejante papasote era un dios debajo de la ropa.
—Supongo que la alarma. —Contestó la chica que dormía en la cama de abajo de mi literal, creo que se llamaba Darcy o algo así había escuchado, ella soltó un largo suspiro que era una extraña mezcla de irritación, alivio, sueño y temor.
Con cuidado bajé la escalera de la litera, era de metal y ya estaban un poco oxidadas, busqué en la pequeña bolsa plástica que me habían dejado tener una muda de ropa interior, ahí tenía un cepillo de dientes, un pequeño tubo de pasta de dientes y una mini toalla roja que solo me recordó a ese puto aerosol que me metió en problemas…
«No fue el aerosol, fuiste tú por estúpida».
—¿A dónde crees que vas? —Preguntó la más robusta, su cabello era rubio y por lo que había escuchado se llama Gina.
Vaya, desde que llegué era la primera vez que una de ellas me dirigía la palabra.
—Voy a ducharme antes de desayunar —dije restándole importancia, sabía que eso se podía hacer, había visto a algunos bañarse temprano y realmente dormir en ese colchón de mierda de la cárcel me hacía sentir llena de suciedad.
—Eso no suena tan mal —dijo la de cabello azul—, también tomaré una ducha.
De repente a todas les dio por tomar una ducha y quisieron comenzar a hablar conmigo, me gustaba que de repente tuvieran esa iniciativa cuando ayer todas fueron tan antipáticas, como si primero me hubieran estado analizando para ver si debían temerme o podían hablarme. Fui al baño dejando que el agua fría me despertara un poco, al menos las duchas estaban separadas por cortinas, nos daba algo de privacidad.
Solo quería volver a mi casa, con el agua caliente, con comida que tuviera otro saber que no fuera mierda y con mi cómoda cama, sabía que había sido muy estúpida por estar siempre metiéndome en problemas, pero era algo inevitable en mí y la presión de grupo.
Sobre todo, la presión de grupo.
Después de ducharme con el agua exageradamente fría, me envolvió en la toalla para secarme, y me coloqué el maldito uniforme naranja dentro del pequeño cubículo dejando mi cabello suelto para que se secara.
Definitivamente a partir de hoy, odiaba el color naranja.
Salí de la ducha encontrando que en el baño habían muchas chicas desnudas, todas hablando naturalmente de todo como si no les importara mostrar sus cuerpos, haciendo comentarios de sus pechos y parándose una al lado de la otra para comparar el tamaño de sus traseros mientras esperaban su turno para entrar a las limitadas duchas.
Creo que yo era demasiado monja para desnudarme frente a otras chicas de ese modo tan osado.
—Seguro que eres virgen. —dijo la chica rubia agarrando una toalla en su hombro para entrar en la ducha de la que había salido previamente—O sino, no te cambiarías a escondidas.
—Solo déjala en paz, cada uno es como es. —dijo una chica de cabello castaño con grandes ojos verdes que parecía toda una modelo, no sabia por qué estaba metida aquí, no tenia cara de chica mala conducta, aunque claro, sabía que las apariencias engañaban.
La rubia no respondió simplemente se encerró en el cubículo de la ducha ignorándonos.
—Tampoco era como que le estuviera prestando mucha atención —murmuré.
La chica de grandes ojos verdes sonrió encogiéndose de hombros.
—Es lo mejor, si te pones a prestar atención a las chicas de este lugar existen dos opciones; volverte loca o morir en una pelea —dijo sin hacer alguna expresión que demostrara que era broma—. Yo me llamo Kate ¿Y tú?
—Jenny. —contesté. No quería hacer amigas íntimas en este lugar, después de todo muchas de ellas no parecían de confianza, pero tampoco sería mejor pasar el resto de los días solitaria, seria una verdadera tortura no hablar con nadie el tiempo que pasara aquí.
Fui a mi celda y dejé la bolsa con mis pertenencias debajo de mi almohada, a veces tenia que recordar que no era una cárcel pero tampoco es que había tanta diferencia, me dirigí al comedor sintiendo mi estomago gruñir, la castaña de ojos verdes llamada Kate me alcanzó acompañándome, al menos tenia una amiga… o bueno, lo más parecido a una aquí para variar.
Nos quedamos en la extensa fila para recoger la bandeja con todas las chicas de todas las celdas, aquí se mezclaban desde las más peligrosa a las mas tranquilas que avanzaba lentamente para recibir el desayuno.
—Uuff, huele fatal —murmuró Kate cuando una mujer de unos cuarenta años de aspecto cansado con una red en la cabeza, nos entregó una charola con la comida que consistía en; huevos revueltos, un trozo de lo que parecía fruta y puré de algo de color marrón.
Había aprendido a ser agradecida con la comida, pero esto parecía vomito de algo, sin mencionar el hedor a podrido, mi estómago se revolvió.
Ew.
—¿Dónde quieres sentarte? —pregunté volteándome para salir de la fila cargando mi bandeja, pero no vi que alguien venia en el sentido contrario también distraída y choqué con ella ocasionando que le echara la comida encima del uniforme.
Mierda.
Me quedé en estado de shock, la muchacha a la que le había echado la comida se quedó por un momento muy quieta, como si estuviera procesando lo que había acabado de suceder, ella no tenía cabello, su rostro, brazos y cuello adornados de varios tatuajes y en vez de zarcillos unos túneles muy grandes en las orejas dándole un aspecto atemorizante.
—Per… perdón —murmuré intentando dejar de tartamudear—. No te vi.
Observé de manera escalofriante como ella alzó la vista hacia mí, esa mirada asesina y fulminante llena de un completo odio contenido. Todo el comedor había quedado en un ensordecedor silencio únicamente observándonos, y casi escuché a Kate murmurar algo parecido a: «Señor ten piedad».
No lo comprendí.
Hasta que ella me atacó.
Como un reflejo me lanzó un puñetazo directo a la cara tan rápido que no pude reaccionar y caí al piso duro de espaldas golpeándome los codos y la cabeza, pero todo el dolor se concentraba en mi nariz donde había recibido el puñetazo con fuerza y sentía que había comenzado a sangrar.
¿Qué mier…?
La muchacha no estuvo satisfecha solo con eso, sino que se subió sobre mi cuerpo colocando las rodillas a los laterales de mi cuerpo, comenzando a darme puñetazos fuertes por el torso y la cara, me cubrí lo mejor que pude con mis manos pero es que esa muchacha me superaba en tamaño y masa muscular, era demasiado fuerte y yo nunca me había metido en alguna pelea. Todas las chicas de alrededor comenzaron a gritar pero apoyando a la chica a que me siguiera golpeando.
Sentía que iba a morir en cualquier momento, que solo era cuestión de tiempo para que me metieran una puñalada y me desangrara hasta morir.
De repente las guardias llegaron separando a la chica de mí que seguía gritándome groserías y diciendo que me iba a matar, mientras intentaba soltarse de los guardias. Yo solo pude quedarme divagante viendo un punto borroso del techo mientras me alzaban y llevaban casi arrastrada a enfermería, me sentía como una completa debilucha en un foso de leones, que vergüenza.
Me acostaron en una camilla y ahí fue cuando todo se volvió oscuro.
***
El sol estaba cálido sentía que me quemaba un poco la piel a pesar de que mi madre me había colocado bloqueador solar, la playa estaba perfecta mientras yo jugaba a hacer un castillo de arena completamente entretenida, era mi cumpleaños número 7 y habían querido llevarme a la playa para consentirme.
—¡Quiero bañarme! —escuché que decía mi hermano Erick a mi mamá quien estaba de espaldas luciendo su bikini para adquirir un bronceado perfecto.
—Dile a tu papá —dijo mi mamá arrimando a mi hermano a un lado para que dejara de molestarla y de taparle el sol.
Erick frunció el ceño yendo hacia donde estaba mi padre debajo de la sombrilla andando su teléfono, haciendo esa mueca en los labios que tanto le gustaba hacer cuando nadie hacia lo que quería.
—¡Papá! ¡Quiero bañarme! —le dijo Erick tocando su brazo.
—Más tarde campeón —dijo mi padre desordenando su cabello—, anda a hacer castillos con Jenny.
Erick aun conservando su mueca enojada se acercó a mí dándole una patada a mi castillo.
—¡Oye! —grité empujándolo y él cayó de espaldas a la arena riéndose de hacerme maldad.
—¡Puta! —me gritó y comenzó a caminar sobre el castillo que había intentado construir y yo comencé a llorar…
****
Abrí los ojos sintiendo mis ojos cristalizados, todo mi cuerpo me dolía, odiaba soñar con mi difunto hermano y ese día donde todo fue un completo caos…
Tal vez por eso, odiaba dormir.
Me habían curado las heridas superficiales y una pastilla para el dolor, pero aun todo estaba muy reciente y me dolía absolutamente todo. A la oficina entró la mujer rubia de labios rojos que había visto el primer día que llegué, se llamaba Sandi.
—Tendrás una sesión extra con el psicólogo Black —dijo.
Como no, ahora iba a tener que verle la cara al hombre guapo del reformatorio luciendo como toda una anomalía.
Me escoltaron a la oficina de Justin y entré, lo primero que vi fue a él sentando del otro lado del escritorio luciendo su típico suéter de cuello alto donde ahora sabía que ocultaba los tatuajes, sus ojos esmeraldas recorriéndome de pies a cabeza mientras entraba con desgana hasta la silla y con cuidado tomé asiento en la silla frente a él haciendo una mueca de dolor.
Todo dolía.
—Uy —dijo soltando un silbido—. ¿Qué paso?
Estaba segura de que él y todos ya lo sabían, me habían hecho puré sin ni siquiera esforzarme.
En este punto, sentía que los problemas me buscaban a mí y no al revés.
—Tropezamos —solté un suspiro— y le eché la comida encima, me disculpé, pero ella simplemente me golpeó.
Nuevamente sus ojos esmeraldas volvieron a deslizarse por mi cara y mi torso pareciendo tener pena ajena.
¿Algo más patético que ser rechazada por el hombre que te gusta? Pues definitivamente que te tenga lastima y te mire como si fueras una debilucha.
—Odra tiene problemas de temperamento —dijo Justin—, no controla su ira.
Odra era la chica que me había casi asesinado a golpes, nunca había odiado y temido tanto a una persona hasta ahora.
—Ya me di cuenta. —dije con algo de sarcasmo, había escuchado en los murmullos de la enfermera que ella estaba aquí por asesinar a su papá, tenía condena, al salir de aquí iría a la cárcel principal.
—Te recomiendo que intentes mantener la guardia baja —dijo Justin—, no querrás que las del último piso te tengan en su lista negra.
Claro, es que no había intentado meterme con ella apropósito, solo fue mala suerte.
—Fue un accidente. —le expliqué y era cierto, realmente no sabía que también estaba encerrado aquí las 24 horas del día, Justin alzó ambas cejas.
—¿Igual el haberte metido a mi habitación ayer? —preguntó.
—En realidad sí —dije—, pero no me crees nada, así que ni al caso, ni se por qué hablo contigo.
Él pareció ligeramente entretenido, sus labios estirándose en esa ligera sonrisa ladeada que enmarcaba su hoyuelo en la mejilla... ¿por qué tenia que ser tan guapo? De seguro lo tenían aquí para embellecer un poco el tétrico lugar.
—Porque soy tu psicólogo. —explicó.
—Un psicólogo guapo —solté—, eres colirio para mis ojos para variar un poco de este desastroso infierno.
Noté como mis palabras hicieron que sus mejillas se sonrojaran un poco, realmente no me pesaba decirle cumplidos, después de todo él dejó muy en claro que nada iba a pasar entre nosotros nunca.
—¿Preferirías estar en tu casa? —preguntó.
—Preferiría huir del país —dije soltando un suspiro—, y aparecer en París Francia.
Justin frunció los labios afirmando con la cabeza como si entendiera que quería simplemente desaparecer y olvidarme de todo.
—¿Tienes hermanos, Jenny? —preguntó.
En seguida todo el poco buen humor que había logrado obtener aquí se esfumó en cuestión de segundos al recordar a mi hermano.
—No. —dije e hice una mueca para explicar: — Tuve uno, pero… murió cuando era pequeña.
Observé como Justin no mostró ninguna expresión, solo mantenía sus manos cruzadas sobre su escritorio y me miraba… lo admitía por primera vez, sentía que no estaba siendo juzgada, solo él quería escucharme.
—¿Crees que fue tu culpa? —preguntó Justin.
Solté un suspiro.
—Estábamos en la playa, y él andaba fastidioso porque mis padres no querían acompañarlo para que se bañara —sentí mis ojos cristalizarse al simplemente recordarlo—. Le dije que para bañarse no necesitaba que mis padres lo acompañaran, que ya él era grande, entonces... me hizo caso, se fue a bañar y se ahogó.
Cerré los ojos al recordar eso, era mi hermano mayor, y se suponía que solo debía estar en la orilla, pero él siempre fue terco y se fue a nadar a lo profundo, solo recuerdo el grito que pegó la gente de alrededor diciendo que había un cuerpo flotando, el equipo de rescatistas sacándolo, intentando reanimarlo y entonces… nada.
No podían hacer nada.
Al poco tiempo nos mudamos, tal vez intentando huir de los dolorosos recuerdo de su muerte y del escandalo por no haber estado pendiente de él, mi madre me culpó por no haber estado pendiente de él, recuerdo muy claras sus palabras: “Debiste verlo, debiste decirnos” antes de que se derrumbara a llorar.
Palabras que se quedaron como un sello en mi cabeza.
Palabras que nunca borraría de mi mente.
—Debes saber que no tuviste la culpa —dijo Justin haciéndome salir de mis pensamientos—, tus padres eran responsables de estar pendientes de ustedes, eras una niña que apenas está conociendo el mundo, no tienes que cargar el peso de su muerte.
—Si no le hubiera dicho… —gemí— era mi hermano mayor… —mi voz se perdió y las lagrimas se deslizaron de mis ojos, no sabía por qué le contaba todo esto a él, de seguro porque me encontraba sensible, no había noche que no soñara con eso ni pensara en eso.
—El roll de tus padres era protegerlos —dijo Justin—, y realmente salía de tus manos controlar a tu hermano mayor, él conocía los riesgos, él desobedeció, no esperó a que tu padre lo acompañara, y tuvo trágicas consecuencias. Pero hay que dejar morir el pasado, de lo contrario siempre vivirás en él y nunca podrás avanzar.
Mordí mi labio inferior, limpiando con cuidado mis mejillas, aun me dolía mi cara amoratada.
—Es difícil olvidar al pasado cuando algo de mí murió con él —susurré, nunca volví a ser la misma.
—Nunca podrás olvidar algo que marcó tu vida —dijo—, pero sí puedes avanzar, madurar y convertirte en algo mejor, los errores nos ayudan a madurar y forjar nuestro carácter.
Sonreí.
—Por eso quería convertirme en médico —dije—, para poder hacer algo con personas que estén al borde de la muerte.
—¿Qué te lo impide? —dijo.
—Bueno, estar en la correccional no creo que me ayude —dije girando los ojos.
—Con esfuerzo en mantener un buen promedio y con dinero para poder entrar a una buena universidad —dijo encogiéndose de hombros—, creo que si es posible.
Bueno, él tenía razón, tal vez siempre necesité de un psicólogo, ahora me sentía extrañamente un poco más tranquila.
—Tengo unos libros de medicina —continuó levantándose y acercándose a la biblioteca cerca de la pared agachándose para buscar los libros gruesos de abajo dándome una buena mirada de su culo redondo.
«Jenny, enfócate, deja de estar mirándole el culo».
Él se volteó hacia mi y tuve que apartar la mirada rápidamente, ¿me habría atrapado viéndole descaradamente el trasero? Lo escuché reírse un poco mientras se acercaba con los libros colocándolos frente a mí en el escritorio, pero no dijo nada al respecto… que vergüenza.
—Ten, ahora son tuyos —dijo.
—¿Míos? —dije incrédula, eran 4 libros de anatomía y medicina general, bastante gruesos que de seguro valían una fortuna.
—Sí —dijo—, aquí tendrás bastante tiempo de leer, así tal vez evites meterte en problemas.
Agregó lo ultimo en broma y me guiñó un ojo, sentí toda mi cara enrojecerse ante su actitud coqueta y sonreí como toda una estúpida niña enamorada, maldita sea, ¿Cómo es que podía tener ese efecto en mí?
Ya me sentía completamente flechada.
—Gracias —dije con sinceridad, no recordaba la ultima vez que alguien me escuchó hablar tanto y me dio consejos, creo que nunca, ni mi “mejor amiga Mili” que ni se preocupó en abandonarme cuando me metí en problemas.
—Aquí estaré para ti —dijo—, puedes irte, terminó la sesión.
—Okey —murmuré, intentando levantarme, Justin se acercó colocando una mano en mi espalda y otra mano en mi brazo para ayudarme a levantar poco a poco de la silla, ya me sentía como toda una anciana a la que tenían que ayudar, pero era que aún estaba adolorida.
Ante su cercanía inhalé su intenso perfume varonil, maldición… olía tan divino…
Todo de él era divino.
—Eh… ¿Qué crees que haces? —dijo cuando me observó inclinándome hacia él para inhalar un poco, aun con la nariz adolorida ese olor se colaba y acariciaba mis sentidos.
«Debes calmarte que lo vas a espantar».
—Perdón —murmuré, no quería quebrar la poca confianza que parecía haber entre los dos.
Alcé la vista, sus ojos estaban fijos en los míos y ante la cercanía ya sentía que todo mi cuerpo comenzaba a temblar de nerviosismo, él no mostró ninguna expresión aparente en su rostro que lo delatara, pero me quedé sin respiración cuando sus ojos se deslizaron hacia mis labios y comenzó a acercarse…