4.Travesuras de madrugada
Podía escuchar la profunda respiración de mis compañeras de dormitorio en una especie de orquesta donde unas simplemente tenían una respiración profunda y otras roncaban, yo en cambio no podía dormir, si siempre se me hizo difícil dormir en mi propia habitación, ahora se me hacía peor en la cama con colchón que parecía hecha de cartón.
Los susurros de las ratas y cucarachas se escuchaban en todo el lugar y el olor a putrefacción era insoportable.
¿Cómo diablos llegué aquí?
Por estúpida, no había más explicación.
Por querer ser tan cool como mis supuestos amigos que les valí mierda y me dejaron sola. Las lágrimas invadieron mis ojos y solté un sollozo involuntariamente tapando mi boca con mi mano para no hacer ruido, eso fue lo único que necesité para quebrarme y llorar.
Extrañaba tanto a mis padres… Los mismos que habían puesto toda su atención en sus trabajos antes que en mí, los mismos que me metieron en este hueco y los mismos que no hicieron nada cuando ocurrió aquel accidente…
«No, pienses en eso Jenny».
No podía seguir pensando en todas esas cosas porque terminaría peor, pero extrañaba tanto a mi hermano Erick, deseaba con toda mi alma volver a ese día, sabía que no fue mi culpa y aun después de tantos años no había día en el que no lo recordara, si él estuviera vivo todo sería muy diferente, aunque no valía la pena pensar en eso, no valía la pena pensar en cosas imposibles porque solo me iba a causar más daño.
Las cosas eran así y así se quedarían.
«Ya basta».
Agité la cabeza volteándome del otro lado de la cama harta de las lágrimas, odiaba ser débil, luego de lo que me pareció una hora sin poder conciliar el sueño, me bajé con cuidado de la litera intentando no despertar a la chica que dormía en la cama de abajo, ni a las demás, el piso estaba frio, pero si me ponía los zapatos corría el riesgo de hacer ruido y que me descubrieran, así que me fui descalza.
Perfecto.
Me dirigí hacia la puerta, sabía que no la cerraban con llave porque esto no era una prisión como tal, solo un centro para ayudar a jóvenes que iban por el mal camino al menos aplicaba para mí porque yo estaba en el primer piso donde los delitos no eran tan graves, en el último por lo que había escuchado sí estaban las verdaderas chica malas, donde habían celdas de seguridad, ahí estaban las chicas que habían cometido asesinatos o cosas infames, definitivamente no quería ni cruzarme por su camino.
Salí de la habitación tratando de que la manija de la puerta no hiciera ruido al cerrarla, todo estaba oscuro y no veía vigilantes alrededor por lo que supuse que nadie estaba custodiando, perfeto.
Bueno, ahora que estaba afuera no sabía qué hacer ni a donde ir, solo sabía que quería caminar, despejarme un poco o posiblemente ver algún punto de salida. Comencé a deambular por los pasillos, escuchaba algo de ruido, como personas gritando que probablemente venía de la parte de arriba. De repente escuché paso y voces como si muchas personas se hubieran puesto de acuerdo para correr.
Mierda.
¿Me habían descubierto?
De seguro me habían visto por las cámaras.
Miré a mi alrededor sintiendo mi corazón desenfrenado, si mis planes eran irme rápido de seguro que esto solo me traería más problemas, maldición, ¿Por qué se me ocurrió hacer algo tan estúpido? Porque era estúpida, por eso. Vi una puerta a mi lado derecho y sin detenerme a pensarlo la abrí entrando sigilosamente y la cerré rápidamente intentando no hacer ruido ni ser vista.
Joder, eso estuvo cerca.
Me quedé muy quieta escuchando como lo que parecía ser un batallón de guardias pasaba por el pasillo del otro lado de la puerta, cerré los ojos, tal vez si deseaba con todas mis fuerzas no ser vista no me verían… creo que así funcionaba la ley del universo; aunque nunca me había funcionado antes cuando intenté hacerlo con el dinero.
De repente la luz de la habitación donde estaba escondida se encendió y me quedé más paralizada que una estatua sintiendo que indudablemente había sido atrapada cuando escuché:
—¿Qué haces aquí?
Esa voz.
La reconocía.
Me volteé aun sin dejar de temblar observando a Justin frente a mí, vestía unos pantalones de pijama negros y no llevaba camisa dejándome con la boca seca cuando detallé un deslumbrante físico de musculosos brazos y abdomen marcado, la tinta de distintos colores adornaba su piel del pecho y parte del abdomen, sin contar que sus dos brazos también estaban manchados con tinta de distintas formas del tatuaje.
Ave María purísima.
¿Quién se hubiera imaginado que el sexy psicólogo recatado, responsable y culto guardara todo eso debajo de la ropa?
No podía quitar mis ojos de su cuerpo, estaba en estado de shock, maldición, estaba buenísimo.
—¿Te vas a quedar ahí viéndome mientras se te sale la baba o vas a hablar? —continuó él, no tenía su tono cordial, parecía obstinado.
—Un momento, dejame disfrutarlo un poco más —murmuré volviendo a pasar mis ojos por todo su torso en completo descaro hasta volver a mirar su cara—, listo.
Él mantenía su rostro gélido.
—¿Qué haces en mi habitación?
¿Su habitación?
Pasé mis ojos alrededor sin poder creer que de verdad me hubiera metido a su habitación sin ni siquiera saberlo, había una cama, un closet, un escritorio con varios libros y una computadora.
Ups.
Si era su habitación.
—Yo…
¿Qué se suponía que iba a decir? No tenía una justificación. Pasé una mano por mis ojos adaptándome mejor a la luz de alrededor y luego miré nuevamente a Justin. Su cabello castaño, sus ojos esmeraldas, sus labios…
Dios definitivamente tenía favoritos.
—Yo… uh, necesitaba ir al baño —solté.
¿En serio Jenny? ¿no se te pudo ocurrir una excusa mejor?
—Ajá —giró los ojos dando un paso hacia mí—, te lo preguntaré una vez más, ¿Qué haces en mi habitación?
Me distraje por un momento casi sintiendo mi cabeza hacer corto circuito cuando estuvo frente a mí, estaba a un paso de él y definitivamente todas mis hormonas comenzaron a revolverse por completo por estar solos en un espacio tan pequeño, un solo paso y podía tocar su torso musculoso…
«Calmate, Jenny, ¿pero qué pasa contigo?»
—No sabía que esta era tu habitación. —refuté— Y realmente solo salí de mi celda porque no podía dormir, luego escuché que los guardias se acercaban y me metí aquí porque fue la primera puerta que vi.
Le dije la verdad, pero él no quitó su cara de no-te-creo-nada.
Me irritaba que me mirara como si fuera solo una niña mentirosa y errática. Justin volvió a acercarse a mí, sus ojos fijos en los míos y sus labios en una línea fina donde no sabía si estaba enojado o simplemente asqueado de mi presencia.
—Nadie puede salir de su habitación en tanto las luces sean apagadas, sin una autorización.
Una oleada de nervios recorrió mi cuerpo, Justin lucía tenebroso, era increíble cómo no parecía tener expresión, no podía saber lo que pensaba, pero mi atracción hacia él crecía cada vez más.
«Hormonas, les echaría la culpa a las malditas hormonas».
—No lo sabía. —Mentí, evidentemente ya me sabía las reglas, era lo único que se repetía todo el día.
Necesitaba huir de aquí.
—Bueno, adiós —me limité a contestar de un modo cortante mirándolo de la misma forma frívola, y me iba a dar media vuelta hacia la puerta, pero él me agarró del brazo para evitar que me fuera, su agarre mandó una especie de corriente eléctrica a todo mi cuerpo y temblé volteando nuevamente hacia él, podía jurar que estaba más cerca.
—Te recomiendo que vuelvas a tu habitación, si un guardia te ve fuera de tu celda te tendrán fichada. —dijo.
Fruncí el ceño, no sabía a qué se refería con que “me tuvieran fichada”.
—Vale —dije.
—Vuelve a tu habitación. —mandó con voz dura.
Me solté de su agarre con brusquedad, odiaba que me agarraran y me trataran como una niña.
—Sí mi señor. —dije con sarcasmo mientras sentía mi piel cosquillosa en el lugar donde Justin había aferrado su mano segundos antes.
—El sarcasmo no te ayudará aquí —dijo, sus ojos esmeraldas fijos en los míos con algo de… ¿burla? No podía estar muy segura, no sabía si me odiaba, si me quería lejos o cerca, pero había algo que me decía que no quería que me fuera.
«Solo es tu imaginación Jenny, solo lárgate».
Di media vuelta y abrí la puerta saliendo rápidamente de regreso a mi celda, necesitaba huir de aquí antes de perder la cabeza y aventármele encima como la última vez donde me rechazó.
Qué vergüenza.
Pero algo era claro, mi plan de portarme bien y enamorarlo debía de ponerlo en marcha lo más rápido posible, necesitaba irme de aquí.