Seguía en casa, no era como que tuviera que salir corriendo de allí e irse. Pensaba que la decisión de Fiorella era muy apresurada y que pronto cambiaría de opinión sobre el divorcio. No es como que se quisiera ir y abandonar a su esposa luego de tantos años de matrimonio con altas y bajas, pero a fin de cuentas un matrimonio. Luego de su tercer café, sintió algo de calma, asombrado por la llamada que le hacía su hijo mayor. Dudó un poco en responder, porque no quería más problemas, pero estos parecían perseguirlo en ese día. —Buenos días, papá. —Davide, ¿cómo estás? —No tan bien como quisiera. ¿Estás ocupado hoy? —¿Por qué? ¿Qué sucede? —Los padres de Chiara están en casa de visita, pensé que te gustaría pasar por aquí. —La verdad es que no tenemos nada en común, pero en c

