CHRISTIAN —Estaba buscando la forma de amargarte la vida —me dice ella con una sonrisa socarrona. —¿Más? —pregunto, sin poder evitar una sonrisa. Ella suelta una risa irónica. Entonces, le pido que salgamos, a reunirnos con todos. Llegamos al jardín, y el ambiente nos envuelve con una calma engañosa. Dominic está sentado al extremo, con un vaso en la mano y su mirada fija en la distancia, como si no estuviéramos ahí. Nathaniel, por el contrario, parece mucho más relajado, recostado en su silla y lanzando sonrisas despreocupadas. Olivia, la secretaria de Dominic, está absorta en su tableta, pero alza la vista apenas nos ve llegar. —Vaya, pensábamos que se habían perdido en la inmensidad de la mansión —dice Dominic, su tono seco y cargado de ese sarcasmo tan suyo. —El día es largo,

