Capítulo 4: Es un negocio. Nada más.

1871 Words
MADISON —¿Compensar con mi… libertad? —digo con perplejidad mientras dejo el contrato sobre la mesa de un golpe—. ¿Qué clase de acuerdo retorcido es este? Christian cruza los brazos y me dedica una mirada de pura calma. Hasta parece que sabía cómo iba a reaccionar y ya estaba preparado para mi escándalo. —Es un contrato matrimonial, Madison, no un juego. Si vas a involucrarte, quiero asegurarme de que te tomes esto en serio. Levanto los brazos, indignada. No puedo creer que esté hablando en serio. —¿Tomarlo en serio? ¡Esto es esclavitud disfrazada de matrimonio! ¿A qué “solicitudes” exactamente tengo que responder? ¿Servirte el café también cuenta? —pregunto, elevando la voz. Christian da un paso hacía mí con la mirada fija en la mía. —Cualquier solicitud que garantice que el acuerdo cumpla su propósito. Lo que sea. —Se acerca más—. Lo que yo quiera que hagas. —Otro paso más—. Si deseo que te arrodilles y te arrastres por todo mi apartamento mientras suplicas por perdón, debes hacerlo. —Llega hasta mí y aproxima su rostro al mío. Pero no bajo la mirada. No me dejaré intimidar—. O tal vez si deseo que te arrodilles para hacer otro tipo de cosa, también debes obedecer —suelta el aire muy cerca de mi boca. Le doy un golpe en el pecho para apartarlo, solo porque no pude darle una patada en la entrepierna. Christian suelta una carcajada y retrocede. —Te recomiendo que sigas leyendo. No querrás perderte de ningún detalle del contrato, sabiendo a lo que te atienes… —dice con una media sonrisa. Refunfuño, pero tomo asiento y continúo leyendo este absurdo acuerdo. 2. “En caso de que los siguientes términos se incumplan, la parte responsable deberá renunciar de forma inmediata y definitiva a cualquier derecho sobre decisiones futuras relacionadas con su vida personal, incluyendo matrimonios, hijos o asociaciones profesionales.” —¿Qué clase de locura es esta? ¿Renunciar a mi vida personal? ¿Decisiones sobre hijos? ¿Qué demonios estás pensando, Sinclair? —elevo la voz. —Es solo una cláusula para garantizar el compromiso. Si cumples, no será necesario —responde con calma. Golpeo la mesa con un puño. —¿Garantizar el compromiso? ¡Esto no es un contrato, es una condena! —arrebato. Christian se sienta en una silla al lado mío. —Te sugeriría que te calmes y leas todo antes de sacar conclusiones —dice con voz grave—. Recuerda que esto no es unilateral, también me pasará a mí si incumplo alguna de las reglas. Me estoy empezando a cuestionar cómo diablos hizo un contrato en poco más de una hora. ¿Quién será el abogado inepto que lo hizo? 3. “Ambas partes deberán convivir bajo el mismo techo durante un mínimo de cinco noches por semana, sin excepción, salvo viajes de negocios comprobados.” —Bien. Siento que esto es lo único normal que me voy a encontrar aquí. 4. “La contratada se compromete a mantener una imagen pública impecable, acorde con las normas sociales y de etiqueta exigidas por el círculo al que pertenece el contratante. Esto incluye, pero no se limita a: 4.1. Asistir a eventos, reuniones y actividades sociales de alto nivel como acompañante del contratante. 4.2. Adoptar y mantener una actitud respetuosa, profesional y adecuada en todo momento, asegurando que sus acciones y palabras refuercen la reputación del contratante y su familia. 4.3. Abstenerse de participar en actividades, declaraciones o conductas que puedan causar daño, escándalo o perjuicio a la imagen pública del contratante, su familia o su empresa. El incumplimiento de esta cláusula será considerado motivo de rescisión del contrato y acarreará las penalizaciones estipuladas en el apartado correspondiente” —Déjame ver si entiendo —lo fulmino con la mirada—. Me estás contratando para ser tu adorno en sociedad. —¿Puedes dejar de cuestionar todo? Es parte de la imagen de la empresa y de nuestro falso matrimonio, Madison. No es personal —suelta un suspiro. ¡Menudo acuerdo! Cada vez se me hace más ilógico. Repaso las cláusulas con el ceño fruncido mientras Christian me observa con un atisbo de diversión en su rostro. 5. “Ambas partes se comprometen a realizar visitas regulares a los miembros de la familia Sinclair para mantener la cohesión familiar y proyectar una imagen de unidad. Estas visitas serán programadas de acuerdo con los eventos sociales relevantes y las necesidades del contratante.” Lo miro con incredulidad. —¿Visitas regulares? ¿Estamos hablando de qué... una cena mensual con tu familia criticando hasta mi alma? Christian sonríe ligeramente. —Sí, bueno… Creo que hay que hacer algún ajuste a tu oscura alma. Me reiría, pero me enfurece más de lo que me da gracia. Ruedo los ojos y los devuelvo al contrato. 6. “Ambas partes deberán mantener una imagen de matrimonio unido y armonioso en el entorno laboral. Esto incluye gestos de afecto en público cuando sea necesario, así como evitar cualquier tipo de disputa o tensión visible frente a terceros.” Arqueo una ceja y lo miro fijamente a sus ojos cafés. —¿Gestos de afecto? Ni siquiera me conoces y ya quieres que finja que estoy locamente enamorada. Christian se encoge de hombros. —Eres actriz en este contrato, no en mi vida real. No te emociones. —Alucinas… 7. “En caso de que alguna de las partes desee disolver el matrimonio antes de los cinco meses estipulados, deberá proporcionar una explicación detallada por escrito y asistir a una reunión con los abogados de ambas partes. Además, deberá cubrir las penalizaciones económicas y sociales previstas en este contrato.” —¿Y si simplemente decido no seguir con esto? —dudo. Christian sonríe con frialdad. —No es una decisión, es un compromiso. Aprende la diferencia. Su tono cortante me está empezando a desesperar. Pero, de todas formas, sigo leyendo. Es mejor estar al tanto de todo lo que este hombre tiene o no tiene derecho a hacer conmigo. 8. “Ambas partes deberán cortar cualquier tipo de lazo o contacto con exparejas y amistades que representen un riesgo para la estabilidad del matrimonio, ya sea en términos de imagen o de convivencia.” —¿Quieres decir que no puedo hablar con nadie de mi pasado? —pregunto con sorna. —Exacto. Y tú tampoco querrás que yo lo haga —dice con obviedad. Suspiro. —Perfecto, ya me estás controlando como mi padre —suelto ese comentario sin pensar. —¿De qué hablas? —Christian ladea la cabeza, confundido. Le resto importancia con un gesto y prosigo. 9. “Ambas partes acuerdan mantener estricta confidencialidad respecto al contenido de este contrato, la naturaleza del matrimonio y cualquier información personal o profesional que pueda surgir durante la vigencia del mismo.” —Esta es la única que tiene sentido —admito. —Lo sé. A veces incluso sorprendo con mi lógica —responde con egocentrismo. —¡Te felicito! —digo con sarcasmo—. Pensaste con la cabeza. 10. “Ambas partes acuerdan que no están obligadas a compartir detalles de su vida personal, pasado o actividades diarias, salvo que sea estrictamente necesario para cumplir con las exigencias del contrato o las responsabilidades del matrimonio ficticio.” Levanto la vista del documento y lo miro con diversión. —¿Así que puedo fingir que no existes fuera de este contrato? Porque, honestamente, me parece una oferta bastante atractiva. Christian sonríe con ironía y cruza los brazos. —Eso solo significa que no tienes que contarme tus secretos más oscuros. Lo que hagas en tu tiempo libre no me interesa, mientras no afecte mi reputación. —Perfecto —digo con un tono ligero, volviendo la mirada al papel—. Porque tampoco estoy interesada en saber qué haces con tu tiempo. Christian me observa fijamente, inclinándose ligeramente hacia mí. —Oh, Blake, si supieras lo interesante que puedo llegar a ser, tal vez cambiarías de opinión. Levanto una ceja, sin amedrentarme. —Y si supieras lo poco que me importa, tal vez dejarías de intentarlo. Él ríe bajo, claramente disfrutando de la dinámica. —Por suerte, no necesitamos ser amigos, ni mucho menos. Mientras cumplas tu parte, esto será un negocio exitoso. Me recuesto en la silla. —Trato hecho, Sinclair. Tú no te metes en mi vida, y yo no me meto en la tuya. —Siempre supe que eras inteligente —responde él, dándome un guiño antes de volver a centrarse en el contrato. Ya por fin llegamos a la penúltima cláusula de este absurdo, pero beneficioso, acuerdo. 11. “Bajo ninguna circunstancia, cualquiera de las partes podrá desarrollar sentimientos románticos hacia la otra. En caso de que esto ocurra, la parte afectada deberá notificar de inmediato al abogado principal del contratante y aceptar las consecuencias establecidas, incluyendo una compensación económica al contratante y el término inmediato del contrato.” No puedo evitar reírme con todas mis fuerzas. —¿De verdad crees que esto es necesario? Christian me mira con una sonrisa burlona. —Solo para que no confundas los límites, Blake. Me cruzo de brazos, desafiándolo. —Por favor, nadie se enamoraría de ti. Christian se acerca, su voz es un susurro grave. —Ten cuidado. Lo mismo podría decirte. Lo miro mal. Entonces él me pasa un bolígrafo que tiene grabado su nombre. ¿Puede ser más egocéntrico? 12. “Ambas partes aceptan que al momento de firmar este contrato, el matrimonio será legalmente reconocido ante las autoridades correspondientes, vinculando a ambas partes bajo los términos establecidos en este documento.” Detengo mi mano antes de firmar y leo por tercera vez la cláusula. —Espera... ¿esto significa que, en cuanto firmemos, estaremos oficialmente casados? Christian asiente con calma, apoyando los codos sobre la mesa mientras me observa. —Exactamente. No es solo un papel, es legal. Lo miro con incredulidad. —¿Y qué pasa si decido no firmar? Él sonríe, esa sonrisa arrogante que ya empiezo a reconocer. —Entonces te quedas sin lugar donde vivir, sin trabajo, y probablemente termines regresando a tu casa o a cual sea la cueva de donde saliste. No es exactamente un escenario ideal, ¿verdad? Suspiro con frustración y me reclino en la silla. —Dios, esto suena como una trampa. Christian se encoge de hombros. —Es un trato, no una trampa. Dos personas racionales haciendo un intercambio de beneficios. —Racional, claro —murmuro, mientras sujeto el bolígrafo con más fuerza—. Nada grita "racional" como casarse con alguien que apenas conoces. —Por suerte, esto no es un matrimonio real —dice él, inclinándose hacia adelante, su tono frío pero convincente—. Es un negocio. Nada más. Ruedo los ojos, pero finalmente firmo el documento. El hombre a mi lado también lo hace. —Bien, Sinclair. Felicidades, acabas de convertirte en el esposo más irritante del mundo. Christian sonríe mientras toma el contrato en sus manos. —Y tú, en la esposa más exasperante. Será un placer trabajar contigo, Blake.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD