Amablemente el chofer que los esperaba la ayudó con las maletas y ella subió al auto, pero en el puesto del copiloto y entabló conversación con el hombre que era muy apuesto y simpático. Atrás Dan se mordía la lengua para no reprocharle nada por su comportamiento. En el hotel recibió las llaves y al entregarle la de Dan también le extendió la mano con su maleta, él la miró desde su altura y esbozando una sonrisa expresó: –Tienes que llevármela a mi habitación –dijo devolviéndole la llave–, desempacar y si algo de lo que me trajiste se arrugó, ocuparte de que lo planchen y esté impecable para mi uso, en una hora salimos a la reunión, así que… muévete. –Como usted diga jefe –respondió tomando aire para no darle con la maleta en la pantorrilla. Becky giró hacia el ascensor dejándolo allí,

