A su amigo se le iluminó el rostro cuando la reconoció y expresó con cierta molestia: –Oye, es la chica del club, ¿por qué no me dijiste que trabajaba para ti? –¿Qué deseas Zuckerman? –preguntó Dan, ignorando el comentario de su amigo. –Vine a avisarle que su automóvil ya está fuera del taller, pero no lo traje aquí, lo llevé directamente a su casa, ¿está bien? –Sí, gracias, puedes retirarte. –Estaba ansioso por sacarla de su oficina y que su amigo no siguiera devorándosela con los ojos. –¿Desean algo de tomar? –preguntó con amabilidad haciendo que su jefe rodara los ojos porque no terminaba de salir de su oficina. –No, estamos bien –respondió Dan. –En realidad, a mí me gustaría un café –intervino su amigo sonriéndole. –¿Cómo le gusta? –Como tú prefieras, de ti tomaría hasta venen

