Cerró los ojos, aspiró profundamente y lo ayudó a levantarse para sentarlo al borde de la cama, terminó de quitarle los pantalones y la camisa, al estar listo él se lanzó de espaldas a la cama lo que hizo más difícil para ella acomodarlo para que se durmiera. –Señor, por favor colabore, quiero acostarlo bien. –Acuéstate conmigo. –¡Claro que no!, ponga de su parte o lo dejo en esa posición y le va a doler todo por la mañana. –¿Sabes?, hoy te has ganado muchos puntos…, gracias. Terminó de hablar y casi enseguida un ronquido muy profundo invadió la estancia, ella lo observó, esbozó una sonrisa y le lanzó una manta encima, apagó las luces y salió con una almohada bajo el brazo, para acomodarse en el mullido sofá que vio en la sala. Los rayos del sol que entraban por el gran ventanal de l

