Cap. 2:Es mi jefe

1259 Words
Becky estuvo casi una hora en Recursos Humanos con todo el papeleo que debía llenar para cumplir con su pasantía de seis meses; su sueño hecho realidad, después de haber cursado dos carreras simultáneamente y haberse quemado, literalmente, las pestañas estudiando día y noche con muy breves momentos de descanso. Su padre, junto a sus tres hermanos dirigían la firma de abogados familiar, la cual era muy respetada, reconocida y exitosa; al principio le cuestionaron su decisión de escoger una rama diferente para su desarrollo profesional, pero era tan testaruda como ellos aparte de su consentida, así que la dejaron en paz. Dado su extraordinario currículo, le ordenaron presentarse en la oficina del CEO a fin de que se convirtiera en su asistente ejecutiva, ¡era lo máximo!, de verdad que, a pesar de su preparación, creyó que la ubicarían en un puesto más bajo, pero todo estaba saliendo de lujo y juró que su desempeño sería digno del cargo o aún mayor. Se dirigió a la oficina indicada y al anunciarse con la secretaria, esta le sonrió con amabilidad y cierta…, ¿lastima?, o al menos eso le pareció ya que la miraba fijamente mientras le decía: –El jefe hoy está de muy malas y es su primer día aquí, así que suerte, de verdad te deseo mucha…, muchísima suerte –exclamó uniendo sus manos en señal de ruego–, ven que te llevo hasta allá. La secretaria tocó y se oyó un: ¡Adelante!, con voz recia y varonil, “bonita voz” –pensó Becky–, seguidamente la chica abrió la puerta y la anunció: –Señor Sinclair aquí está la señorita Becky Zuckerman, inicia sus pasantías hoy y por su extraordinario antecedente académico, Recursos Humanos la asignó directamente a usted como asistente. Cuando él levantó la vista y la vio, solo preguntó incrédulo de su buena suerte: –¿Qué dijiste?, ¿qué ella qué? –Fue asignada a usted por Recursos Humanos. “No por favor, es el tipo de esta mañana, Adonis y todo, él me odia, no puede ser, perdí mis pasantías” –se dijo Becky al reconocerlo y a punto de hiperventilar. –Puedes retirarte y muchas gracias…, de ahora en más yo me encargo de la señorita. “Me va a matar, no es posible, mi última foto será en un titular de sucesos: Joven asesinada en su primer día de pasantías por Adonis perfecto.” –¿Así que tu prisa esta mañana era para venir a trabajar para mí? –preguntó con una rara curva en sus labios y una mirada profunda. –Yo…, yo no sabía que era con usted…, solo no quería llegar tarde a mi primer día. En ese momento volvió la secretaria anunciando que seguridad informó que la conductora de la camioneta era la nueva pasante que iniciaba ese día, es decir ella, el CEO hermoso, dirigió la mirada hacia su rostro y asintió con la cabeza, para decir seguidamente: –Sí, ya lo sé, que suspendan la búsqueda…, ya la encontré. –¿Cómo que ya me encontró?, ¿para qué me buscaba?, ¿qué pretende? –le preguntó tragándose el miedo, tampoco es que era una damita indefensa, llevaba años enfrentándose a su padre y a sus tres hermanos mayores. –Me debes mucho dinero por mi auto. –Le di la tarjeta y le pedí el monto para que mi pa… –No señorita –la interrumpió–, no vas a escudarte en tu padre, tú y solamente tú vas a pagarme personalmente cada centavo por mi auto. –Yo…, yo no tengo tanto dinero todavía, mi fondo fiduciario está bloqueado hasta que cumpla 23 años. –¿Y cuánto falta para eso? –Seis meses, en agosto los cumplo. –¿Qué día exactamente? –El 3 de agosto. –Hasta ese día, vas a trabajar exclusivamente para mí, disponibilidad total. Me arruinaste uno de mis tesoros y eso vas a pagarlo con tu sangre, tu sudor y tus lágrimas. Si te niegas arruinaré tu informe de pasantías y créeme, una mala referencia mía sobre ti, te cerrará todas las puertas y no solo en este país, ¿entendiste bien? Becky se mordió los labios, había leído sobre el nuevo CEO que se encargaría del mayor holding petrolero del país, nunca se imaginó que sería tan joven, pero sabía que su edad no le impidió adquirir fama de implacable. “¿Por qué tenía que estrellar la camioneta contra su auto?, definitivamente Dios, eres un dormilón, no te despertaste temprano hoy para evitarme este percance” –dijo en su mente. Lo peor era que aún no había enterado a su padre al que tenía que advertirle, aunque tal vez ya había notado la falta de la Range en su garaje. “¿Qué dijo el Adonis bello este? ¿Trabajar exclusivamente para él con disponibilidad total?”, presentía que ese hombre no perdería oportunidad para humillarla, sin embargo, le tenía una sorpresa porque, aunque amenazara con arruinar sus pasantías, su padre era muy amigo del presidente del país. No solo los unía la amistad porque, además, el presidente resultaba ser su padrino de bautizo, por lo que con una sola llamada podía igualar y hasta superar los puntos en cualquier momento, se limitó a asentir en silencio, para hacerle creer que realmente tendría todo el control sobre ella, así que cuando decidió hablarle se limitó a decirle con tono desafiante: –Estaré disponible para usted, señor Sinclair, solo espero que sus requerimientos sean razonables, porque no haré nada ilegal, ni inmoral. Él la observó en silencio y metió las manos en sus bolsillos hasta hacerlas puños, “¿aún se atrevía a condicionar mis tareas?”, por supuesto que no le pediría nada bajo esas condiciones, pero lo enfadaba que se creyera en la obligación de advertirle, como si él fuera un delincuente pervertido. –Tu advertencia sobra, ¿con quién crees que estás tratando? –bramó como un trueno, ella se sobresaltó, pero no bajó la mirada ni un solo segundo. –Estoy tratando con alguien que lejos de manejar un accidente automovilístico como debe ser, lo ha tomado como una venganza personal. –Porque tú me trataste con mucha indiferencia, no te importó el daño que causaste, me entregaste una tarjeta y me dejaste allí en el medio de la calle, con los trozos de mi auto en el piso. –Le entregué mi tarjeta para hacerme responsable y le expliqué la razón de mi prisa, ¿qué más quería? “¿Qué más quiero?, quiero tenerte a mi total disposición preciosa, tu indiferencia va a costarte”. –Ya lo dije, quiero que me pagues por tu propia cuenta, no voy a molestar a tu padre, que seguramente es un hombre ocupado y no debe tener tiempo para encargarse de los desastres que va causando su mimada hija. –Aaaarrrrgggghhh, no vuelva a decirme mimada –protestó con la cara roja hasta las orejas. Dan Sinclair sonrió internamente al ver su reacción y pensó que en el proceso se divertiría mucho haciéndola rabiar. –Mi primera orden es que me busques un café profundo endulzado con miel, de la Cafetería Le’expresso en la avenida quinta y me gusta muy caliente. Tomó una gran bocanada de aire y salió a buscar el dichoso café, debía caminar tres cuadras hasta la cafetería que le había indicado, al regresar lo metió al microondas de la oficina y se lo llevó.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD