- Esto no tiene sentido. - repetí después de que pasasen otros diez minutos en los que no apareció ese tal Alex. - Llevo aquí casi dos horas. - añadí ya cansada de esta tontería.
- Tienes que ser paciente ricura. - sonrió Max para calmarme, pero lo único que consiguió fue sacarme de quicio.
- ¿Puedo matarle? - pregunté molesta.
- Prueba a ver si tu puedes. - empezaron a reírse Scott con Dante. Unos segundos más tarde se abrió la puerta y entró otro chico. Era alto, creo que el más alto de los cuatro. Una parte del pelo casi n***o le tapaba los ojos igual de negros. Iba vestido de forma simple, deportivas, unos vaqueros azules y una camisa suelta azul. Me levanté de repente y me quedé observándole impresionada. Ya le había visto en algún sitio, estaba segura de ello.
- ¿Luke? - pregunté dando un paso hacia él para verle de más cerca. Los demás callados intercambiaron miradas buscando la respuesta a que pasaba ahora conmigo ahora.
- Juliet, este es Alex. - me informó Scott... Más bien lo dijo para romper el silencio.
- Pensé que no podíamos traer fans a nuestro vestíbulo. - dijo Alex de forma seria mirándome con desconfianza.
- Se desmayó. - explicó Max.
- Y Dante cree que es una espía y que sabe leer mentes. - continuó Scott.
- ¿Cómo que creo? Es así. - gruñó mientras cruzó los brazos.
- Eres el único que lo piensa. - comentó Max mientras se arreglaba el pelo.
-Entiendo. - dijo al final Alex. - ¿Por que me esperabais? - preguntó para no dejar tan seca la respuesta que dio antes.
- Porque estudiaste medicina y creo que no se encuentra muy bien. Además tu sabes reconocer el cuando alguien miente y cuando no. - explicó Scott, aunque parecía más una excusa que una explicación.
- ¿Medicina? Solo estudié un año. - se puso en contra. - Y el reconocerlo lo podríais haber hecho vosotros también. - suspiró cansado.
- Aún que fuese un año, fue algo. - se metió en la conversación Max.
- ¿Podrías comprobar si es una espía y matarla luego? - preguntó impacientemente Dante.
Nada más oír la palabra matar me quedé de piedra y más asustada que antes. Los miré uno a uno y de los ojos empezaron a salirme lágrimas.
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- ¡Dante lárgate! - ordenó Alex.
-¿Que? - preguntó incomprendidamente.
- Fuera de aquí, es una humana, y mira lo que acabas de decir. - respondió Max. Dante dio un suspiro y con un portazo se fue.
- Vamos, tranquila nadie te hará nada si? - intentó tranquilizarme Scott mirando a Alex para que el también dijese algo.
- Te llamas Juliet, no? - se aseguró Alex.
- Si... - respondí sin mirarle, en ese momento tenía la mirada clavada en el suelo. Era incapaz de pensar con claridad. No me encontraba bien... no quería seguir estando aquí... con ellos.
- Necesito que me mires a los ojos para comprobar que no mientes. - con miedo levanté la mirada y le miré directamente a los ojos que brillaban.
- ¿Sabes leer mentes? - preguntó después de unos segundos de silencio.
- Se que estáis mal de la cabeza por pensar en eso. No se a que os referís. - respondí con la máxima sinceridad posible.
- A mi no me vuelvas a faltar el respecto. - me advirtió Alex de forma seria. Por mi cuerpo nada más oír eso, pasó un escalofrío. No iba a conseguir nada si seguía comportándome así.
- Lo siento. - me disculpe en seguida y me mordí el labio de forma nerviosa.
- ¿En que pienso? - siguió preguntando.
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Habría seguido pensando cosas parecidas, pero cuando le miré, vi lo mismo que veía en mis amigos... Esas voces raras que decían cosas. En él... también estaba la voz... también me hablaba.
- Piensas en que no debiste hablar de esa forma con Dante. Y en que cuando me vaya... Cuando dejéis que me vaya, lo hablareis por que es quien mejor te cae del grupo. - respondí yo misma sorprendida.
- ¿Quién demonios eres? - me preguntó Alex, como si supiese responderle a algo que ni yo misma entendía.
- Yo no sabia hacer esto antes. - suspiré de forma preocupada, más que preocupada asustada. Toda la atención estaba puesta en mi, un par de desconocidos no dejaban de mirarme... sentí un escalofrío, pero decidí pasar de ellos y quedarme mirando el suelo.
- Espera, ¿todo empezó después de que te desmayases? - preguntó Max confundido y sorprendido al mismo tiempo.
- Podría ser eso. Tendría sentido si fuese así. - estaba de acuerdo Scott.
De repente me sentí cansada y sin aire, Alex de alguna forma lo notó y les dijo algo a los demás mientras yo perdí el conocimiento. Unos minutos más tarde me despertó Alex con un frasquito lleno de algo verde que apestaba a algo muerto. Los miré y a cada uno lo vi rodeados de un color diferente. Alex estaba rodeado de color azul, Dante (que ya había vuelto) de naranja, Scott y Max de color azul fuerte. Di un grito y los miré sorprendida.
- ¿Por qué estáis brillando? - sabía que era una pregunta un poco... Estúpida, pero salió de mi sin querer.
- ¿Brillamos? - preguntó de forma incomprendida Dante.
- Creo que ve el cómo nos sentimos, por eso lo de brillar. - pensó en voz alta Alex. - ¿De qué color me ves? - preguntó, para comprobar si lo que había dicho era cierto o no.
- Azul... - respondí de forma simple, como si fuese algo normal. - ¿Puedo beber algo? - necesitaba refrescarme.
- Claro, toma, es agua te sentará bien. - dijo Scott pasándome una botella de agua fría. Bebí un trago y los miré algo más tranquila.
- ¿Quiénes sois vosotros? - sabía que eran un grupo y todo eso... pero también sabía que no eran un grupo normal y corriente.
- Somos vampiros. - respondió Scott a mi pregunta de forma simple.
- ¿Vampiros? ¿Estáis de broma no? - los miré uno por uno, pero lo único que vi en sus rostros era seriedad.
- Necesitáis un psiquiatra. - añadí en seguida.
- Tienes que dejar de decirnos esas cosas. - dijo Max ofendido.
- Lo siento pero no creo en vampiros. Ya crecí de esos cuentos para niños pequeños. -
- Deberías. - gruñó Dante.
- Hay que explicárselo desde un principio. - dijo Alex su opinión. - No tienes fiebre pero deberías descansar. - me aconsejó y me guiñó el ojo izquierdo. La verdad es que me sorprendía un poco el como empezaron a tratarme y a hablar conmigo ahora... Era como un giro de 360 grados.
- Quiero irme a casa. - pedí de nuevo.
- Yo te llevo, tengo que ir a ver a Katia. - se ofreció Alex, mientras revisó el sí tenía las llaves del coche.
- ¿En serio? - pregunté sorprendida por una parte... sinceramente no me lo esperaba... pero por la otra parte estaba alegre, volvería a casa y podría olvidarme de todo lo que paso.
- Claro, vamos. - se levantó y fue hacia la puerta.
- Alex, eso no es buena idea. - intentó detenerle Scott.
- Lo hablaremos cuando vuelva. - les guiñó el ojo y cerró la puerta al salir yo de ella.
- ¿Cuántos años tienes? - preguntó Alex nada mas subirnos a su coche. No sabía si sólo quería mantener una conversación, o de verdad estaba interesado en la respuesta.
- Diecinueve, y tu? - respondí y pregunté para ser educada, aunque la verdad es que no me interesaba mucho.
-Veintiún años vampíricos. ¿Eres de la ciudad? - siguió haciéndome preguntas. En ese momento ya entendí que le interesaban las respuestas. Sinceramente... no le di mucha importancia a que en vez de decir sólo años, dijese que tenía años vampíricos.
- Si... ¿Por qué veo esas cosas? - decidí preguntar yo algo, antes de que él lo hiciera.
- Sinceramente no lo se, quisiera que no las vieses. - suspiró mientras se centro en aparcar el coche.
- Intenta descansar, este es nuestro numero. Si pasa algo, llama. - me quedé mirando el papel en el que estaba escrito con un bolígrafo n***o el numero mientras recordaba como en un sueño pasó lo mismo.
Bajé del coche y nada más hacerlo me giré hacia Alex para darle de forma educada las buenas noches. Pero enseguida me desmaye
- Luke... - susurré con debilidad antes de acabar en el suelo delante de casa.
Alex bajó del coche, me cogió en brazos y sin decir nada, de forma automática me sacó de los pantalones las llaves y abrió la puerta de la casa en la que yo vivía. Me dejo en en sofá del salón. Se sorprendió al ver que no había nadie más en casa, pero luego decidió ignorar ese detalle. Un rato estuvo observando el interior de la casa, las paredes, ventanas... al final decidió buscar una manta para poder pasármelo por encima.
- Me da que tendré que quedarme aquí, estupendo. - suspiro con un tono molesto.
- No hace falta. - dije volviendo en si.
- Estupendo, descansa. Nos vemos. - en su rostro salió una pequeña sonrisa de alivio. Nada más decir eso se dirigió hacia la puerta para poder salir de mi casa.
- ¿Alex? -me senté de forma brusca en el sofá.
- ¿Si? - preguntó de forma impaciente y se dio la vuelta hacia mi.
- Gracias. - se quedó parado un tiempo sorprendido.
- De nada Juliet. Pasa buena noche. - dijo al final con un poco más de tacto y se fue de la casa.