Capítulo 7. Huida

1433 Words
Bajé a la primera planta haciendo el menor ruido posible... Pero como siempre, algo tenía que fallar, porque al no mirar delante de mi me choqué con Max. – Oh, monada. ¿Has venido a ver el partido? – preguntó con una sonrisa que seduciría a cualquier chica. – No, sólo vine a... Por algo para beber. –  dije lo primero que se me vino a la mente. Me di cuenta de que se quedó algo extrañado. – ¡Y deja de llamarme monada! – dije intentando imitar el tono de siempre. – Te acabarás acostumbrando. – me guiñó el ojo. – Bueno la nevera esta en esa dirección, coge lo que te apetezca de ella, hermosura. – añadió mientras me enseñó el camino señalando con el dedo. – No creo que me acostumbre así que deja de llamarme eso... – dije ya algo molesta. Él volvió a sonreír esta vez de forma irónica y con esa sonrisa regresó al salón. - "Por los pelos, seré torpe." - pensé y di un suspiro. Cuando ya vi que había vuelto a sentarse en el sofá con los demás y que todos le dedicaban la atención al partido fui hacia la puerta de salida. Haciendo el mínimo ruido la abrí y salí por ella. - "Ha sido más fácil de lo que esperaba." - pensé, me mordí los labios de forma nerviosa. – Está todo oscuro... Puf... – suspiré. Cuando conseguí ver algo en la oscuridad tomé el camino por el que vinimos en coche y intenté llegar a la ciudad cuanto antes. Alex llegó a casa, nada más llegar dio un portazo, todos se giraron y lo miraron preocupados. – ¿Me perdí el partido? – preguntó al quitarse la chaqueta y llegar al salón. – Quedan 10 minutos. – respondió Scott haciéndole sitio en el sofá. Alex se sentó y miró de forma incomprendida la pantalla. – ¿Quiénes somos? – preguntó y miró a los demás. – Los blancos. – sonrió Dante. – Estamos perdiendo. – añadió para informarle mejor. – Por cierto... ¿Habéis hecho la cena? –  preguntó Alex después de unos minutos de silencio. – No. – respondieron todos a la vez y luego intercambiaron miradas. – ¿Sabéis que tenemos a una "humana" en casa? – preguntó sarcásticamente Alex, dando un suspiro. – ¡Ostia, es verdad, Juliet! – exclamó Scott, levantándose bruscamente del sofá. – Estará bien, hace un rato bajo a por algo para beber. –  dijo como si nada Max. Todos lo miraron sorprendidos y extrañados. – ¿No te pareció raro el que bajase? –  pregunto Dante como primero, con un tono de desconfianza. – No, tendría sed, hambre, ganas de ser seducida por alguien sexy cómo yo. –  respondió Max. – ¿Por que iba a ser eso extraño? – – Iré a ver si está en su habitación. – se ofreció Scott y corriendo se fue hacia la planta de arriba. No pasaron ni cinco minutos y bajó de nuevo corriendo y preocupado. – No está en su habitación, ni en ninguna otra. – dijo al final. – ¿Cómo que no está? – preguntaron Dante y Max a la vez. – Creo que se ha ido de la casa... Más bien huido. – suspiró Scott. – A ver si lo entiendo. ¡¿Erais 3 en casa, teníamos a una chica en contra de su voluntad aquí y no os disteis cuenta de que se fue?! – preguntó enfadado Alex. – Creo que es eso lo que ha pasado. –  estaba de acuerdo Dante. – Solo fue un despiste. –  añadió para calmarle un poco y para defender un poco a todos los demás. – Tenemos que ir a buscarla. – dijo Max en seguida. Todos se pusieron de acuerdo en eso y salieron de la casa. Scott y Max iban en coche y Alex con Dante cada uno en una moto para ser más rápidos. – ¿Cuántos metros habré hecho ya? – me pregunté a mi misma pensando en voz alta. Me paré para coger el aliento y a lo lejos vi un coche que se acercaba. Primero me asusté por que pensé en que podrían ser ellos, pero luego vi que me equivocaba lo que me alivio un poco. El coche paró unos metros de mi y de el bajó un hombre de unos 30-40 años. – No es bueno que una chica como tú vaya sola por la carretera. – dijo mientras dio unos pasos hacia mi. - "Esta sería buena para jugar con ella. Nadie tendría por que enterarse." - sonrió y dio otros pasos. Di un grito y empecé a retroceder y correr, pero el se fijó de ello y se me adelanto de tal forma que me cogió de la muñeca del brazo derecho. – No prestes resistencia y todo irá bien. –  me advirtió el hombre, en los ojos empecé a sentir lágrimas y como empezaba a temblar. Antes de que pasase algo más note como el hombre me soltó el brazo y al abrir los ojos asustada vi como Dante lo tenía apoyado con fuerza sobre el coche. – ¡¿No te da vergüenza, pedazo de imbécil?! – exclamó mientras le dio un golpe contra el coche. Al estar tan asustada me caí al suelo y me quedé sentada en el temblando. Alex se arrodilló delante de mi. – Ya esta, estamos aquí. – le miré a los ojos y luego me levanté del suelo. – Tranquila, si? – miró hacia donde estaba Dante. – Dante suéltala le vas a acabar haciendo algo grave. – ordenó al ver que le había dado en la cara. – Está borracho. – añadió Alex al final y Dante sin decirle nada, le metió a la fuerza en el coche. Unos minutos más tarde llegaron Scott y Max en el coche, los dos bajaron preocupados al ver que no dejaba de secarme las lágrimas. – ¿Qué ha pasado? – preguntó Max mirando a Alex y a Dante. Dante se acercó a los dos y se lo susurró a los oídos, los dos bajaron la mirada. – ¿Y si nos vamos a casa? – preguntó de la nada Alex. – Yo no quiero... – dije con la voz temblorosa. – ¿No quieres que? – preguntó Scott adelantándose así a lo que iba a decir Alex. – No quiero ver más pensamientos... – dije al final empezando a llorar. Alex dio unos pasos hacia mi y yo retrocedí asustada. – No te acerques a mi. – grité asustada, nerviosa e incomprendida. – Tranquila que soy yo. –  se quedó quieto cuando vi que estaba extrañada y asustada. – Alex. – añadió para ver si reaccionaba. Luego hice algo que no se esperaba nadie de los que estábamos ahí. Me acerqué a él y le di un abrazo alrededor del cuello mientras empecé a llorar más. Los demás intercambiaron miradas y Alex inseguro me devolvió el abrazo. – Ya paso todo, volvemos a casa, vale? – me susurró al oído mientras me acariciaba con suavidad la espalda y el pelo. Acepté con la cabeza y nada más subirme al coche me quedé dormida en uno de los asientos. – ¿Qué demonios fue eso? – preguntó Dante mientras se subía en la moto. – ¿Eso qué? – preguntó Alex. – El abrazo que te dio. – gruñó. – Estaba asustada y emocionada, no significaba nada. – explicó Alex de forma simple. – ¿Acaso te molesta? ¿No estarás celoso? –  preguntó con una sonrisa irónica mientras levantó la ceja con curiosidad. – ¿Qué abraces a espías? Si me molesta. – gruñó Dante, poniéndose más serio que antes. – Es más adorable cuando duerme. –  comentó Max metiéndose en la conversación. – No creo que sea una espía. – añadió Scott. – Nos vemos en casa, vale? – preguntó para asegurarse. – Claro. – le guiñó el ojo Alex para tranquilizarlo. Max y Scott se subieron al coche, Scott esta vez detrás del volante. Y Alex y Dante en las motos. – Sigo pensando que es una espía. – dijo enfadado Dante. – Empiezo a pensar que nunca lo fue. – sonrió de forma irónica Alex. – ¿Vas a caer en sus juegos sólo por que te de un abrazo? – preguntó molesto Dante. – No estoy cayendo en nada, creo que te has obsesionado con que es una espía. – respondió con la máxima sinceridad posible. Dante no dijo nada, los dos arrancaron las motos y volvieron a casa.
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