La danza del destino Charles Tras días de un viaje que parecía interminable desde Breidston, finalmente las ruedas del carruaje se detuvieron en Cassidy. La nostalgia me invadió al pensar en la mansión que había sido testigo de mi nacimiento y de mis años más inocentes, donde la risa de Sarah y el amor de mi madre llenaban cada rincón. Desde la ventanilla, un suspiro se escapó de mis labios al evocar los amaneceres compartidos en cabalgatas con ellas, cuando el sol apenas despuntaba en el horizonte. Los recuerdos de los días secretos en el campo florecían en mi mente como un jardín eterno. Pero no todo era luz en mi memoria; la sombra de la enfermedad de mi madre se cernía sobre esos momentos, recordándome cómo su vitalidad se había ido hasta quedar sumida en la más profunda oscuridad.

