El vestidor de los chicos del club de voleibol estaba lleno. Todos los integrantes del equipo se encontraban cambiándose entre conversaciones y risas. O casi todos. Tatsurou se cambiaba en silencio mientras observaba de reojo a su hermanastro Kyo. Después de haber despertado con un dolor de cabeza horrible, la actitud de Kyo había cambiado un poco, sólo un poco. Los últimos cuatro días habían sido realmente extraños para Tatsurou. No podía dejar pasar desapercibidas las miradas que Kyo le lanzaba durante todo el día. Y aunque lo hacían sentir inquieto, un calor de emoción lo llenaban por completo. Tatsurou no tenía ni una ligera idea de lo que le había pasado el día de su cumpleaños cuando estuvo ebrio, y tampoco quería saberlo. Satoshi había insistido varias veces en decírselo, pero Tatsu

