Cᴀᴘɪᴛᴜʟᴏ 7

1430 Words
Aún sin borrar la sonrisa de mi rostro llego a la entrada de mi casa. La mueca de mi rostro aumenta al ver la nota que me han dejado mis padres y mi hermana diciendo que volverán pasado mañana de un viaje que hicieron hoy a Francia. Cuando era más pequeña me decepcionaba que me excluyeran y no me quisieran, me dolía mucho que no quisieran pasar tiempo conmigo y no me aceptasen pese a todo lo que me esforzaba. Ahora me alegro cada vez que se van de viaje, es como un momento de paz en el que no tengo que preocuparme por nada. Me preparo un sándwich de pollo, lechuga y mayonesa mientras le mando un mensaje a Ilian, después de lo del otro día no pienso volver a llamarle en bastante tiempo. Muevo mis caderas animadamente al ritmo de una canción que tarareo. Soy penosa cantando pero es algo que me levanta bastante la moral. Llegué a casa Yo 10:42 a.m No pasan más de dos minutos cuando veo que me ha mandado un mensaje. Sonrío mientras le doy un mordisco al delicioso alimento a la vez que abro el mensaje. Mi sonrisa se borra y trago en seco. Sabes que solo lo hice para poner celosa a Clara, ¿no? No hacía falta que me enviaras nada. Ilian 10:44 a.m Pienso rápido una excusa y una sonrisa triste cuelga de mis labios mientras escribo el mensaje. Las mentiras brotando de mí sin que me resulte complicado ocultar la decepción. Parece ser que después de todo la idea de que alguien se preocupara por mí era demasiado buena para ser verdad. Lo sé tranquilo, pero pensaba que estabas con ella. Yo 10:45 a.m Bloqueo el móvil y dejo a un lado el sándwich, sintiendo que se me ha quitado todo el posible apetito. Subo a mi cuarto lentamente dejando allí el bocadillo para la cena y saco el libro de historia para empezar a estudiar algo con la esperanza de que eso distraiga mi mente. Necesito unos minutos de evadirme de la realidad y así no consumirme. Me animo diciendo que no pasa nada, que llevo toda la vida sola y que no es algo que va a cambiar por lo que no debo confundirme. Un mensaje me interrumpe. Como no. Es genial. Gracias a ti conseguí su número, creo que se puso celosa. Si seguimos a este ritmo podremos acabar con esto rápido. Ilian Respondo con un seco que bien y dejo el móvil a un lado. Me levanto demasiado rápido tirando la silla. Cojo la hoja que tenía delante y la empiezo a hacer trizas con furia. Sin pararme a pensar en nada, cojo las llaves y salgo de mi casa empezando a correr. Corro como si me persiguieran y en cierto modo, los recuerdos me persiguen, las palabras que me ha dedicado y su verdadero significado. Corro porque me estoy ahogando y necesito huir, porque necesito el cansancio para no pensar. A medida que avanzo mis pulmones arden y aunque me empiece a costar respirar, no me detengo. Veo como cada vez hay menos edificios y más campos o frondosos bosques. Pasan menos coches y las carreteras empiezan a ser de tierra y con pocos carriles pero la posibilidad de perderme y no saber regresar no es suficiente para detenerme. Con un simple mensaje ha desvelado mi mayor temor, no importarle. Sé que todo era una mentira, pero me entristece que ni siquiera quiera ser mi amigo. Me duele que no le importe a nadie y me destroza saber que todos los momentos en los que parecía disfrutar conmigo eran falsos. Puede que parezca una tontería, pero cuando te es demasiado difícil hacer amigos, lo menos que quieres saber es que lo único que quieren de ti es algo a cambio y no tú mismo. Aunque Ilian fue sincero desde un principio, nadie me ha engañado. No puedo correr más y me dejo caer en el pasto con la respiración acelerada. Definitivamente vuelvo a estar sola, sin nadie que se preocupe por mí o con quien matar el tiempo. Puede que no físicamente pues seguiré reuniéndome con él, pero siempre me sentiré igual de vacía al regresar a las paredes de mi cuarto. Nunca dejaste de estarlo me recuerdan una parte de mi cabeza. Tiene razón, nunca dejé de estar sola. Respiro profundamente y me pregunto por qué la vida es tan malditamente injusta, porque no puedo tener ni un solo amigo o alguien que se preocupe por mí. Estoy tan cansada que solo quiero cerrar los ojos y dormirme un buen rato, a pesar de estar en un prado y toda sudada. Ya a punto de caer rendida, siento algo húmedo en la cara. Me siento de golpe y veo a un pequeño cachorro blanco moviendo su rabito de un lado hacia otro. Río cuando empieza a saltar para alcanzar mi cara. Le acaricio la cabeza y salto del susto cuando alguien me zarandea. Me giro sobresaltada y veo a una pequeña niña de ojos azules mirándome curiosa. Tiene un vestido azul de lunares negros y un lazo celeste sujetando su rubia melena en una alta coleta. Le sonrío amistosamente y ella me devuelve la sonrisa. Tendrá unos siete años aproximadamente y el cachorro que está entre mis brazos debe de ser suyo. La niña se acerca cuidadosamente hacia donde estoy y se sienta a mi lado mirándome de reojo. ―Hola― me saluda con una voz muy dulce y tímida.― Soy Ann. ¿Puedo, mmm, p-puedo jugar contigo?― tartamudea con vergüenza. Sonrío ampliamente sin poder evitarlo cuando se pone un poco colorada. Se ve tan mona. ―Hmmm― hago como si lo pensara llevando mi mano a la barbilla y frotándola suavemente. Ella se remueve nerviosa y suelto una breve carcajada― Claro que sí pequeña, me llamo Andrea. ― le comento feliz. Es increíble como una niña ha podido cambiar mi estado de ánimo en tan poco tiempo. Ann sonríe feliz y se levanta sobresaltándome. Me tiende la mano para que me levante y yo se la cojo levantándome por mi cuenta para que no cargue con mi peso. Me toca con una mano y se aleja rápidamente. Yo río para después perseguirla. Empezamos a correr y a perseguirnos por todo el campo sin que me moleste estar jugando al pilla-pilla como una cría. No le cuesta mucho atraparme por todo lo que he corrido. Cuando estamos cansadas nos sentamos y decido conocer algo más sobre ella. Hace tanto que no hablo con alguien sin que haya una razón oculta que no me importa ni el tipo de conversación ni su edad. Me cuenta cuales son sus muñecas favoritas, que de mayor quiere tener un coche como el que le regaló su hermano en figura e historias graciosas de su familia o de su perro. Yo simplemente la escucho muy animadamente interviniendo cuando lo veo necesario. Ella me sonríe pero de un momento a otro, su ceño se frunce y me mira con una mueca extraña que no soy capaz de descifrar. ―¿Por qué estabas triste? Eso es malo, estar feliz es mejor― se queja mientras que se apoya en mi hombro. Al instante me pongo nerviosa. ―Bueno...―empiezo sin saber que decir― tenía un amigo y me divertía con él pero ahora prefiere estar con otras personas.― le cuento con una mueca sin saber como podría explicarlo. Y sin poder evitarlo, vuelvo a entristecerme. Empiezo a darle vueltas a la cabeza pensando en si debería decirle algo o tal vez mantener las distancias cuando noto que unos bracitos se abalanzan contra mi cuerpo y me derriban. Le sonrío maligna y ruedo para que ella quede en el césped. Antes de que se lo espere, llevo mis manos a su tripa y empiezo a hacerle cosquillas desplazando mis dedos con gran velocidad provocando que esta ría escandalosamente. Menos mal que por aquí no pasa nadie, iban a pensar que la estoy matando o algo por el estilo. Miro el reloj del móvil y pego un grito de sorpresa cuando veo la hora. Se nos ha hecho muy tarde sin percatarnos y su familia se va a preocupar. Seguro que para esta hora debería estar comiendo en su casa. Ann parece pensar lo mismo, pues después de poner un cara rara y besar mi mejilla, sale corriendo con su perro como si no hubiese un mañana no sin antes prometer que nos volveríamos a ver. Cosa que yo dudo bastante.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD