Cᴀᴘɪᴛᴜʟᴏ 8

1808 Words
Cuento cuidadosamente las monedas de mi bolsillo comprobando que tengo el dinero suficiente. No puedo evitar que una sensación de euforia me invada cuando compruebo que podría comprarme tres tickets si quisiera. El cine siempre me había encantado pero no suelo ir muy a menudo porque casi nunca tengo dinero para ello. Afortunadamente llevo unos meses ahorrando y por fin hoy voy a poder ver la película que llevo queriendo ver desde que la anunciaron el verano anterior. Cojo la chaqueta vaquera y me la echo por encima mientras abro la puerta de la entrada pensando en que lugar sería una mejor opción para sentarme. ¿En el medio? ¿Al fondo? ¿En un lateral para que nadie me mirara raro cuando me emocionara? Cierro la puerta con llave mientras debato las diferentes opciones.No puedo evitar chillar cuando lo veo ahí parado sin más al darme la vuelta. Me llevo una mano al corazón notando como este late acelerado una vez pasado el susto. ―¡¿Se puede saber qué haces parado en la puerta de mi casa como si nada?! ¡Casi me matas del susto! ―Me aburría y he venido a ver si querías hacer algo.― contesta burlón mientras se encoge de hombros con obviedad. ―Hay algo llamado teléfono. Es muy útil ¿sabes?, tú pulsas un botón y puedes hablar con otra persona por muy lejos que esté. Deberías comprarte uno. ―¿Dónde ibas?― curiosea mientras va dando pataditas a las piedras que se encuentra por el camino y mantiene las manos en los bolsillos. No le respondo, simplemente levanto mi cabeza señalando al centro comercial a lo lejos. Evito mirarlo y observo a la gente que pasa a nuestro alrededor. Todos parecen felices, pero apuesto a que solo son fachadas, a que todos tienen algo que les preocupa y carcome por dentro. Así es como me siento yo. Además de como la mierda. Una furia crece por todo mi cuerpo muy rápidamente, estoy cabreada conmigo misma, harta de ser así. No soy alguien fuerte, ni atractiva, ni inteligente, ni graciosa, ni simpática, simplemente soy alguien insegura. Y me odio enormemente por eso, por no saber seguir adelante. No me doy cuenta de que estoy apretando tanto mis puños que estoy dejando marcas en mis palmas con mis uñas, hasta que Ilian se detiene para coger delicadamente una de mis manos y abrirla con cuidado para que deje de hacer presión. Me mira de reojo mientras acaricia suavemente la palma con la punta de sus dedos. Cuando se detiene entrelaza nuestras manos con una pequeña sonrisa ladina. Lo miro sorprendida mientras que él solo me da una suave caricia con su pulgar para posteriormente tirar de mí con la intención de que sigamos caminando. Seguimos el resto del camino en silencio, pero a pesar de ya estar tranquila no suelta mi mano. Eso por algún motivo me alegra, me hace sentir que no estoy tan sola después de todo. Entramos en el centro comercial y la emoción me puede. Hay tanta luz, tantos colores. Diviso al fondo de la sala una pequeña tienda de caramelos y golosinas. Una sonrisa se extiende por mi rostro al pensar en esas delicias azucadas llamadas palomitas. Son mi pasión y hace algo más de una año que no las pruebo. Sin molestarme en detener mi impulso me encamino a pasos veloces hacia mi objetivo soltando la mano de Ilian. Hay mucha gente al ser fin de semana, pero el castaño es un chico lo suficientemente alto como para no perderme de vista por lo que me encamino sin molestarme en ver si me sigue. La última vez que vine al cine se agotaron las palomitas dulces y no estoy dispuesta a dejar que eso pase otra vez. Ahora que Ilian me acompaña a ver la película quiero que todo sea perfecto. Me paro de golpe al llegar a la cola de la tienda viendo el vidrio que las contiene. Sonrío emocionada y espero a que llegue mi turno con impaciencia mientras me muevo eufórica. Siempre me ha encantado comprar palomitas dulces antes de ver una película, es mi parte favorita de ir al cine. Me encanta su sabor y me recuerda tanto a cuando era feliz de pequeña que no puedo evitar amarlas. Cada vez que las compro un agradable calor se adueña de mí, es por eso que me encanta ir al cine, es algo mágico. Puede sonar infantil, pero es que me recuerda tanto a mi niñez y a toda la felicidad que sentía y que no sabía que tenía, que me alegro cada vez que estoy cerca. Llega mi turno después de cinco minutos largos y pido amablemente con una sonrisa al rubio de la caja una bolsa pequeña de palomitas dulces y otra de la saladas, también una botella de agua y una coca-cola. Él me lo entrega con una sonrisa extraña, y lo ignoro mientras rebusco el dinero. En este momento solo puedo pensar en cual le gustarán más a Ilian. Prefiero las dulces pero las saladas también me encantan y no me importa comerlas si Ilian prefiere las otra. Tampoco me importa beber una cosa u otra y como no sé lo que prefiere ante la duda prefiero coger de los dos tipos. Lo único que quiero es que lo pase bien y se pueda llegar a divertir a pesar de estar conmigo, y aunque el dinero no sea precisamente lo que abunda en mi bolsillo, ni siquiera dudo un minuto en comprarlas. Porque a pesar de todas las múltiples cosas que podría comprar, prefiero esto sin duda alguna. Estoy bastante contenta, hacía meses que ahorraba pequeñas cantidades de monedas para poder comprar algo y me emociona la idea de compartir el logro con él. Entonces me percato de que el castaño no anda a mi alrededor. Empiezo a buscarlo hasta que me freno de golpe. Si no tuviera las manos ocupadas me pegaría en la frente, ¿cómo he podido salir corriendo sin esperarlo? Tal vez se haya enfadado e ido a su casa o igual está perdido. Me deprimo un poco ante ese pensamiento, la idea de ir al cine con él me emociona enormemente y al ver las palomitas no me he podido resistir. Nunca he ido con un amigo al cine e ir con él es algo que no puedo explicar, como una enorme satisfacción de poder compartir este momento con Ilian. Comienzo a caminar intentando localizare sin demasiado éxito. Me empiezo a sentir fatal por dejarle solo. Soy una persona horrible, viene con su buena intención de acompañarme y yo lo abandono. Me voy a disculpar con él según lo vea, hasta le dejaré elegir la película. Por muy entusiasmada que esté por ver la que quiero ha estado muy mal dejarle así. No es propio de mí. Mi esperanza de encontrarle decae por momentos. De un momento a otro, lo veo cerca de la entrada del cine. Sonrío ampliamente y camino rápido en su dirección casi corriendo emocionada por reparar mi error. Cuando llego tiene una sonrisa ladina en el rostro, esa que se esfuma nada más verme. ―¿Me puedes explicar por qué coño saliste corriendo?― brama enfurecido con un duro tono de voz. ―Yo b-bueno, eee― levanto nerviosa las cosas intentado justificarme― fui a comprar las p-palomitas. Lo siento, no debí salir corriendo. Se que no es excusa p-pero es que me emocioné y...―murmuro cabizbaja hasta que me interrumpe. ―¿Sabes algo? Me da lo mismo.― sonrío disimuladamente al ver lo rápido que me ha perdonado.― Ya puedes irte.― levanto la cabeza confundida a una gran velocidad al escucharlo. ¿Me está echando? No sabía lo mucho que le había molestado y me siento peor por eso. ―Perdóname, es que cuando era pequeña...― me vuelve a interrumpir mientras intento compartir esa importante experiencia. ―No te he pedido que me cuentes tu vida. No me importa que te hayas ido, he conocido a alguien mejor por eso. Debería darte las gracias, creo que será más agradable ver la película con ella.― escupe con veneno. Por un momento me quedo perpleja y no reacciono. No es hasta que resopla con enfado y empieza a caminar chocando su hombro con el mío que salgo de mi aturdimiento. Sus palabras me han dolido, sobretodo porque sé que son sinceras. Mis ojos se cristalizan al ver el odio que siente por mí. Un dolor profundo clavándose en el fondo de mi alma. Lo he vuelto a hacer. Lo he arruinado todo, como siempre. El calor me invade, pero no uno agradable. Un nudo se instala en mi estómago y el arrepentimiento me está ahogando. Las ganas de disfrutar de la película se esfuman entonces, solo me siento con ánimos para ir a casa y pegarme cabezazos hasta tener un poco de sentido común mientras me disculpo las veces que haga falta. Al final siempre la acabo cagando, incluso cuando tengo buenas intenciones. Ya no voy a necesitar las cosas que llevo por lo que decido que antes de irme debería dárselas como disculpa, aunque me arriesgue a una mirada de odio por su parte que me parta el alma en dos. Le agarro del hombro temblando ligeramente para girarlo mientras miro al suelo cabizbaja. Posiblemente tenga los ojos rojizos y no quiero que piense que soy una llorica, a pesar de que lo sea. Se gira y puedo sentir su mirada amenazante sobre mí. Me trago el nudo que tengo en la garganta y la aclaro para que no se me quiebre, aunque fallo. ―No sabes cuanto lo siento, soy una estúpida por salir así. Entiendo tu enfado.― extiendo las cosas hasta su pecho y las toma confundido― Es para ti, como disculpa. No sabía que podrías querer y cogí de todo, ― explico cerrando con fuerza los ojos para no llorar mientras mi voz se va apagando― invita a alguien que no sea tan horrible como yo.― concluyo con la voz rota por la tristeza. Antes de que pueda reaccionar me doy la vuelta, chocando con una bonita chica. Ella nos mira confundida y es ahí cuando entiendo quien es esa persona con la que prefiere pasar el rato. Mis ojos arden con mayor intensidad y salgo corriendo antes de que pueda oír nada que pueda llegar a dolerme, mas lo hago. ―¡Qué bien, compraste palomitas!―exclama la chica con voz aguda― Por cierto, ¿viste a esa chica que iba llorando? Que patética. Me alejo hasta ya no escuchar más con mi pecho doliendo y no por correr precisamente. Recordando sus despectivas hacia mí, su cara de asco y sus palabras reproduciéndose en bucle una y otra vez en mi cerebro sin parar de atormentarme ni un solo segundo. Me odio.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD