Cᴀᴘɪᴛᴜʟᴏ 9

1204 Words
Ilian Veo como sale corriendo sin darme tiempo a reaccionar. Me siento como la mierda al instante porque ella fue con buenas intenciones a comprar palomitas para nosotros y ni siquiera la dejé explicarse. Yo simplemente reaccioné mal, no sé que me paso pero cuando vi al dependiente dándole una sonrisa coqueta lo vi todo rojo. Lo peor es que me enfurecí con ella sin motivo, en vez de buscarla, me quedé con la primera chica que se me cruzó. No puedo arrepentirme más de eso. Una ligera presión hasta ahora desconocida se instala en mi pecho al recordar las horribles palabras que le dije sin pensar, y va a más al pensar en su cara de decepción, en su arrepentimiento cuando me entregó las palomitas. Se veía tan malditamente triste que me empiezo a desesperar y un nudo se forma en mi garganta. Maldigo en voz alta, ¿cómo puedo ser tan idiota? ¿cómo puedo dejar que piense que la odio sin más? Intento dar profundas bocanadas de aire para calmarme pero nada parece funcionar cuando recuerdo sus ojos rojos y su voz quebrada. Crece velozmente porque sé que yo soy el único causante, soy yo el culpable de que ella piense que es horrible cuando es todo lo contrario. Yo y mi estúpida impulsividad. Mi ira aumenta al escuchar a la chica que tengo a mi lado decir esas cosas tan espantosas de ella y la fulmino con la mirada. Ella me mira con extrañeza, como si no comprendiera porque estoy así. —Ella es mil veces mejor que tú.— escupo ante sus palabras. Dejándola con la boca abierta, echo a correr con las cosas en los brazos para poder alcanzarla. Tengo que disculparme por tratarla tan mal, necesito volver a ver esa sonrisa de ilusión sobre su rostro. Necesito que vuelva a sonreír. No entiendo porque siempre me vuelvo tan idiota cuando estoy con ella. Es como si mi cerebro apagase las acciones razonables. Me paro en seco al darme cuanta de que no se donde está. Resoplo enfadado conmigo mismo y empiezo a preocuparme cuando me percato de que está sola. ¿Estará bien? ¿Le habrá sentado mal lo que le dije? Quiero golpearme la cabeza contra una pared, ¡Claro que le ha sentado mal! Se fue casi llorando. Puedo jurar que en la vida me he sentido peor persona. Voy a sentarme en un banco cuando la veo en los columpios. Me relajo al comprobar que está bien y que la he encontrado. Está sola y triste, pero yo pienso arreglar eso. Se mece suavemente en uno de ellos. No puedo evitar sonreír al verla, es tan tierna. Sin esperar más, avanzo con pasos acelerados en su dirección mientras pienso en como disculparme. Me detengo de golpe y mi corazón se encoge al ver como caen sus lágrimas sin control alguno. Mi respiración se acelera y mi pecho duele. Me siento horrible, ¿cómo he podido tratarla tan malditamente mal? ¿Por qué? Ella no se merece esto, yo no debería hacerla sentir así. Lentamente me acerco por el lado y dejo sin hacer mucho ruido la comida en el suelo. Ella se seca las lágrimas sin verme todavía, pero ya debe haber notado que hay alguien a su lado. Me entristezco al ver sus preciosos ojos hinchados de tanto llorar, fue mi maldita culpa todo esto. Cuidadosamente me pongo delante de ella y me acuclillo para poder verla a los ojos. Cuando levanta sus ojos y me mira, estos se vuelven a llenar de lágrimas a la vez que su labio inferior tiembla y no puedo odiarme más por eso. ¿Cómo me he permitido hacerle esto? Se ve tan indefensa y débil, solo quiero atraerla a mí y protegerla de todo como el día en el que nos conocimos. No me puedo creer que yo sea el causante de tanta tristeza, jamás me pude imaginar que al hacerla daño no solo sufría ella, sino yo también. Le sonrío con pena y le agarro lentamente una mano que tenía en la rodilla. Se ve linda incluso llorando. Céntrate idiota, ella te necesita. Seco las lágrimas que todavía tenía en el rostro con mi otra mano y la dejo en su mejilla disfrutando del tacto de su piel. Empiezo a trazar círculos con mi pulgar y sus ojos vuelven a cristalizarse. Tal como antes, mi pecho comienza a doler. —Ilian, por favor perdóname. No quería dejarte ahí solo, perdóname, lo siento muchísimo, soy una ton...— empieza a rogar rápidamente con una voz desgarrada. Aprieto mis labios con dolor al escucharla, realmente no es culpa suya, no debería sentirse así. Sin soportar más su dolor, la callo con un suave situando un dedo sobre su boca con cuidado. Le sonrío con ternura y la intento tranquilizar apretando levemente la mano que tengo agarrada de manera reconfortante. —No tienes nada por qué preocuparte, nena. Es culpa mía haberme comportado así. Lo siento mucho, no volverá a pasar. Ella me mira sorprendida, para después intentar contener una sonrisa. Un golpe de felicidad me llena, verla así es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Mierda, ¡deja de pensar esas idioteces!, ignoro a la parte racional de mi cabeza y sonrío yo también al verla, pero mi sonrisa se borra al ver como intenta esconder la suya. Mis ojos bajan a su labio enganchado entre sus dientes y los miro con intensidad. Como desearía poder probarlos, parecen tan suaves. Ella lo suelta rápidamente al darse cuenta y se pone un poco roja, haciéndola ver más tierna todavía. Sin importarme nada, miro sus precioso ojos verdes, que miran a los míos con atención, y me acerco lentamente sin despegar mi vista de la suya. Mil emociones pasan por su rostro, pero ninguno que me haga detenerme. Veo que se pone nerviosa y sonrío por eso. Estoy muy cerca suya y aunque odie admitirlo, se siente jodidamente bien estar así con ella. Cuando ya siento su suave respiración en mis labios, estos cobran vida propia, y la beso con toda la ternura que puedo reunir en la mejilla. Cuando me separo con una sonrisa, veo su mirada de desconcierto mezclada con desilusión. Aunque no lo hago, quiero fruncir el ceño confundido. ¿Qué le pasa? ¿Le habrá molestado que la bese? La verdad es que es algo que no he podido evitar, estaba preciosa y simplemente quería rozar mis labios con su piel aunque fuera solo una vez más. Empiezo a sentirme otra vez un poco mal al pensar que igual le ha molestado. Sin darme tiempo a nada, se levanta sonriendo falsamente y tira de mi para que lo haga yo también. Recoge las cosas del suelo con prisa y con un tono amable me dice: —¿Todavía estás dispuesto a ver esa película conmigo?— sonrío ampliamente antes de contestarla. —No hay cosa que me gustaría más.— y es verdad, solo quiero poder volver esa sonrisa ilusionada que tenía antes de que lo arruinara todo. —Pues vamos. Empieza a caminar hacia el cine y yo corro hasta alcanzarla con una sensación de emoción en el pecho. Cuando la veo de reojo, todavía puedo ver una pizca de decepción en el rostro que intenta ocultar, pero, ¿por qué?
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