Andrea
—Y entonces subimos el 4 y despejamos la x— explica la profesora mientras escribe algoritmos indescifrables en la pizarra. Me toca clase de matemáticas y creo que incluso sería más fácil aprender c***o. No exagero, estas fórmulas escritas en mi cuaderno son muy extrañas— Bien, que levanten la mano los que no lo hayan comprendido.—dice dándose la vuelta. Pone una mueca y suelta un suspiro con cansancio cuando ve que toda la clase tiene la mano levantada.
Justo cuando iba a empezar a regañarnos por no prestar atención o algo así, suena el timbre salvándonos a todos. Me echo la mochila sobre el hombro y salgo a pasos agigantados hacia la salida sin poder soportar estar más tiempo entre estas paredes.
Una pequeña sonrisa brota de mis labios al acordarme de cuando vi la película con Ilian. Fue un día agridulce. Lo pasé fatal con su indiferencia hacia mí, jamás pensé que unas simples palabras pudieran destrozarme de tal manera. Cuando escuché a la chica degradarme, huí sin esperar a nada más queriendo evitar su respuesta porque por alguna causa que desconozco sabía que me iba a doler y no sabía si sería capaz de mirarlo a la cara después de saber lo que realmente piensa de mí.
Cuando me encontró en los columpios solo quería disculparme por lo tonta que había sido, mi corazón se oprimió ligeramente al ver su expresión martirizada junto a su semblante arrepentido y preocupado.Él no era el que debía sentirse mal, por una parte tenía razón y por eso me sorprendió tanto que se disculpara.
Y ahora viene la parte dulce, esa que me ha provocado más de una sonrisa. Recuerdo perfectamente mi labio atrapado entre mis dientes y sus intensos ojos mirándolo con deseo, de pronto ya no eran sonrisas lo que intercambiamos sino más bien fuertes miradas que parecían transmitir un sin fin de palabras y algún que otro vistazo a nuestros labios, deseando poder probarlos. Sentí la necesidad de saltar sobre él para saciar mi sed de saborear sus labios, esos que parecían tan firmes y sedosos, esos precisamente que estuvieron en mi mejilla. Cuando se acercó pensé que me quedaba sin aire, pero toda mi burbuja se reventó como un chicle cuando sentí sus rosados labios en mi moflete.
Y no pude evitar mi cara de desilusión al ver que se separaba con una gran sonrisa, porque pensé por un momento que todo fueron imaginaciones mías. Otra vez la parte agria. Aunque lo disimulé bien y no se dio cuenta, o eso creo. Le propuse ir a ver la película y me alegre un poco al ver que aceptaba sin dudarlo.
No entiendo lo que me pasa, me sentí extraña. Nunca había querido realmente besar a nadie. Aunque también es verdad que nunca un chico ha sido lo suficiente cercano a mí como para que pudiera siquiera fantasear con ello. Creo que debe ser eso, que es el primer amigo que tengo y estoy confundiéndome yo sola.
Un tirón de mi mochila hacia atrás y mi caída al suelo fueron los causantes de que volviera a la realidad. Levanto la cabeza y tiemblo de miedo al ver a mi hermana sonriendo diabólicamente con su grupo de amigos detrás de ella, contemplándolo todo con gran diversión. Por un momento había olvidado todo esto y creí que era una chica normal. Gran error.
Sin darme tiempo a reaccionar, mi mochila entera es vaciada delante de mí y las hojas empiezan a esparcirse por todo el suelo sin control alguno. Todos ríen para después tirarme la mochila a la cara, dándome un buen golpe con ella. Empiezo a recoger todo, aún temblando de la impotencia cuando un pie me detiene. Levanto la cabeza y veo a Leyre esperando algo. Yo la miro confundida y es entonces cuando agarra mi cabello para tirar de él fuertemente hasta levantarme. Despacio y con algún que otro quejido me pongo de pie.
— Las llaves niñata.
—Pe-pero si t-te las doy no me v-van a dejar ent-trar a casa— no puedo evitar tartamudear por el miedo. Tira más fuerte de mi pelo, ocasionando que suelte un jadeo de dolor.
—Ese no es mi problema. Las llaves.— dice dándome un tirón entre cada palabra.
Sin poder soportar el dolor, busco en mi bolsillo las llaves y se las tiendo con cuidado, sintiendo un alivio inmediato cuando me suelta. Se va después de soltar un estúpida niñata y llevo mis manos a la cabeza para dar pequeños masajes.
Cuando el dolor empieza a remitir, recojo todo del suelo y salgo corriendo a mi casa antes de que me cierren la puerta y no me dejen quedarme a dormir.
Avanzando a gran velocidad por las calles y chocándome con más de una persona, llego a casa. Miro por la ventana y los veo a todos comiendo palomitas en el sofá mientras ríen y bromean alegremente.
Me encantaría volver estar así con ellos, pero después de lo que pasó me lo merezco, fue todo culpa mía y de mis irresponsabilidades.
Con cuidado de que no me vean, avanzo por el jardín hasta la parte trasera y subo con cuidado hasta mi cuarto. Veo que la ventana está abierta y sonrío por eso. Dejo la mochila sin hacer ruido y salgo otra vez dejándola abierta. Aunque me encantaría quedarme, me arriesgo a que me vean y me echen. Por eso prefiero esperar a que se haga de noche para colarme y que no me vean.
Paso por el jardín a gatas y cuando ya no me pueden ver, echo a correr hacia el parque para estar más segura. Mis pasos sin rumbo suenan acelerados contra el pavimento mientras tomo distancia con mi casa, si es que se le puede llamar así. Poco a poco reduzco la velocidad hasta detenerme del todo.
Me percato entonces de un cartel con brillantes colores pegado a una farola, me llama la atención de inmediato por lo que me acerco a verlo. Es rojo y con detalles dorados en los bordes. En su bonita letra blanca se lee claramente como anuncia la feria que se hace a un par de manzanas de aquí. Sonrío cuando se me ocurre pasarme y sin pensarlo marco el número de Ilian rompiendo por fin el miedo a llamarlo. El otro día adquirí la suficiente confianza con Ilian como para saber que no va a dañarme de forma intencionada.
—¿Si?—responde en tono somnoliento cuando lo coge.
—Oh no. ¿Te he despertado?— le pregunto mientras miro la hora. Son las cinco, no me extrañaría que estuviera durmiendo la siesta.
—¿Eh? No, no, no digas tonterías.— responde bostezando. Yo río antes de que continúe.— ¿Pasa algo....? Eh..., mierda, ¿cuándo me vas a decir tu nombre?— dice divertido.
—Cuando vengas conmigo a la feria. Acabo de ver un cartel y me gustaría ir. ¿Te apuntas?
—Por supuesto, dame quince minutos y nos vemos en el parque.
Cuelgo y reviso mi funda para ver si traigo dinero. Suspiro aliviada cuando veo un billete de diez y otro de cinco. No recuerdo con exactitud de donde provienen pero no pienso quejarme por llevarme una grata sorpresa.
Decido amenizar mi espera sentándome en un banco mientras reviso mis r************* . Aunque no debería llamarles así porque solo las uso para ver memes y vídeos de gatitos, socializar no es mi fuerte ni siquiera por Internet.
Disfruto revisando las publicaciones y riéndome hasta que veo de lejos a Ilian acercarse con una sonrisa. Lleva una camiseta con cuello de V granate que hace juego con sus vaqueros negros, la verdad es que no se ve nada mal. A paso rápido me acerco hasta él emocionada a más no poder
—Te propongo un trato. El último que llegue a la feria paga la primera atracción — me reta con una sonrisa victoriosa.
—Hecho—antes de terminar la palabra, ya está corriendo a gran velocidad hacia nuestro destino— ¡Eh! ¡Eso es trampa!— replico riendo antes de empezar a correr yo también.