— Dos tickets por favor. —Claro, son seis euros. Sonrío ampliamente y me aparto lo suficiente para que Ilian pueda pagar las entradas. Lo hace de mala gana mientras refunfuña por lo bajo. Nos dan los tickets y nos ponemos en la fila sin perder la oportunidad de meterme con él. —Oh, venga. Quita esa cara, fuiste tú el que propuso el trato y el que ha perdido. —No es justo, no sabía que corrías tanto. Además, ¿por qué de todas las atracciones hemos tenido que ir a la casa encantada? — replica cruzándose de brazos molesto. Yo le miro con diversión y él me fulmina con la mirada—No tengo miedo, — se adelanta antes de poder burlarme— es solo que no me gustan esas cosas. Yo río y le entrego las entradas a la chica pelirroja con un ridículo disfraz que está en la puerta para que podamos pasar

