Doy una vuelta sobre mi misma disfrutando de la suavidad de las sábanas. La cama es especialmente cómoda hoy por lo que abrir los ojos es un esfuerzo demasiado costoso como para siquiera intentarlo. La almohada además tiene un perfume distinto que me reconforta aún más. Mmm, tan varonil. Espera, ¿qué?
Abro los ojos alarmada para quedarme parada de la impresión ante el panorama. Esta no es mi almohada, estas no son mis sábanas, esta no es mi cama, este no es mi cuarto y... ¡Mierda! ¡Esta no es mi casa! ¿Dónde estoy?
Masajeo mi cabeza suavemente intentando aliviar el dolor y es ahí cuando veo una pastilla blanca junto a un vaso de agua de cristal encima de una bonita mesita de noche hecha de madera. No dudo ni un momento en llevármela a la boca y beberme el agua como si no hubiese bebido en días a pesar de desconocer su contenido.
Miro entonces atentamente la habitación intentando averiguar mi paradero. Las paredes son de un verde muy claro y enfrente hay un armario blanco con bonitos adornos de madera en las esquinas. Varios estantes de tonos algo más oscuros tienen libros de todos los tamaños y tipos posibles. Localizo atornillada a la pared una pequeña televisión al lado de los diplomas. A la derecha de la pequeña cama individual hay un altavoz n***o de un metro aproximadamente con un móvil conectado. Parece una habitación corriente de la que no soy capaz de encontrar ningún dato útil.
El pánico se adueña de mí y rápidamente salto de la cama, tengo que salir de aquí antes de encontrarme con quien me trajo. ¿Y si es un pedófilo? ¿O un traficante? ¿O un secuestrador?
Me enfurece no poder confiar más en las personas, pero no puedo evitarlo. Ni siquiera sé como he llegado hasta aquí y eso me aterra. Cuando estoy dispuesta a salir por la puerta con sigilo escucho unas pisadas que me hacen detenerme en el acto. Permanezco unos segundos parada intentando averiguar la dirección en la que van.
—Mierda— susurro para mí notando como la persona se acerca.
No pierdo más tiempo y en silencio coloco una silla trabando la puerta como soy capaz. Miro a mi alrededor desesperadamente en busca de algo que me pueda salvar. Bingo, pienso al ver la ventana sin rejas de ningún tipo y con el tamaño suficiente como para pasar por ahí al lado del armario. Me acerco a paso rápido intentando no hacer ruido y la abro con cuidado.
Compruebo que la casa está decorada con piedras en la fachada por lo que no creo que descender me resulte muy complicado, aunque seguro que me llevará demasiado tiempo. La manija de la puerta se empieza a mover consiguiendo que me decida por intentar escapar. Miro a la puerta y al suelo repetidamente. Respiro lentamente y me lanzo hacia el suelo, no sin antes comprobar la distancia.
La caída es rápida debido a la corta distancia, pero eso no me impide hacer un buen aterrizaje. Empiezo a correr cuando escucho la puerta abrirse de un fuerte portazo sin molestarme en sacudirme el polvo de las rodillas.
Cierro los ojos y muevo mis brazos intentando ir más rápido como si eso ayudase de alguna manera. Avanzo a gran velocidad sin pensar en nada intentando olvidar el aire que empieza a escasear en mis pulmones. Pero claro, como no ves cuando cierras los ojos, me choco contra un póster. Muy lista Andrea.
El golpe me aturde por unos momentos y el ligero dolor de cabeza de antes, vuelve con mayor intensidad ocasionando que mi visión se vuelva negra unos segundos y que pierda el equilibrio. Me apoyo en el póster y cierro fuertemente los ojos intentando que el dolor disminuya agradeciendo que esta vez no me desmaye. Mierda, no puede ser bueno golpearse tantas veces.
Suelto un jadeo y me froto la cabeza para intentar inútilmente que pare. Quiero dejar escapar unas pequeñas lágrimas que se forman en las esquinas de mis ojos, pero las aguanto apretándolos con fuerza. Unas manos se posan en mis hombros desde atrás con cuidado sin que me inmute en absoluto. Tal vez me hubiera apartado si mi cabeza no estuviese a punto de explotar.
Me tambaleo hacia un lado y el agarre en mis hombros se hace más intenso. De un momento a otro mis pies no tocan el suelo y entiendo entonces que me están llevando en brazos como si de una princesa se tratara aunque no me siento como una en absoluto. Intento abrir los ojos o protestar, pero una punzada que cruza mi cabeza me detiene y me dejo llevar sin decir ni una sola protesta.
—No me imaginaba que alguien podía ser tan torpe, ¿cómo una persona puede darse tantos golpes en la cabeza en tan poco tiempo?— Oh no, esa voz... Ilian.
Su tono está cargado de diversión, aunque puedo detectar una ligera tristeza en él. La atribuyo al dolor de cabeza y gruño indicado que no estoy para bromas.
—La cabeza me está matando, ahora no.— le digo empezando a abrir los ojos.
Parpadeo un par de veces para acostumbrarme a la luz y lo miro. La mueca de preocupación no se borra de su rostro por lo que soy incapaz de no enternecerme ante eso. Sin esperarmelo, Ilian me acurruca en su pecho con cuidado dejando mi cabeza sobre su hombro antes de depositar un beso sobre mi sien.
—Lo siento mucho, nena.— murmura por lo bajo cuando separa sus labios de mi cabeza.— De verdad que lo siento.— repite en tono decaído antes de entrar en la que supongo que será su casa. No se porque me da la sensación de que no se refiere exactamente a mi dolor de cabeza.
Entramos en el salón y con delicadeza me deja tumbada en el sofá. Se acuclilla hasta llegar a mi cabeza apoyada en el brazo del sofá. Observo como sus dedos se pierden entre mis hebras castañas sin apartar la mirada.
—Voy a por algo para tu cabeza, ahora vuelvo.
Mientras espero a que venga observo la casa con disimulo. No es exageradamente grande pero tampoco pequeña y encima de la televisión hay una foto de un Ilian de unos seis años o así con birrete y corbata. Sale con una gran sonrisa que muestra un diente caído. No puedo evitar reír al ver una imagen tan adorable.
Los muebles son elegantes y hacen juego con el sofá al tener distintos tonos de azules, en general claros. En algunas estanterías se pueden ver unas cuantas fotos familiares pero debido al ángulo soy incapaz de ver los rostros con claridad. Si no me equivoco hay cuatro personas en las fotografías.
Al rato entra con una pastilla similar a la que me tome antes junto a un vaso de agua con el mismo diseño que el anterior. Lo agarro cuidadosamente temiendo derramar su contenido y me lo tomo como puedo levantándome solo un poco del sofá.
—Te acabo de dar un suplemento, como te tomaste una pastilla hace poco el dolor debe parar dentro de poco.
Efectivamente, tras unos diez minutos en los que ninguno nos atrevemos a romper el silencio el dolor mengua hasta desaparecer causando un alivio inmediato en mi cabeza. Ilian no ha quitado sus ojos de mí en ningún momento, haciendo que me revuelva nerviosa en el sofá.
Levanto mi mirada hasta cruzarla con la suya y me sorprendo al ver culpa en sus ojos. ¿Por qué diablos me mira así? Ni que algo de esto hubiese sido culpa suya. Bueno, en parte sí porque pensé que me perseguían, pero soy yo la que iba corriendo con los ojos cerrados.
A pesar de que ninguno diga nada no es uno de esos silencios incómodos, más bien es como si ninguno necesitara decir nada. Nos observamos mutuamente sabiendo que las palabras sobran. Aunque me siento muy a gusto en este ambiente soy consciente de que no me puedo quedar en su casa para siempre.
—Es tarde, debería irme a casa o mis padres se enfadarán.
Puedo ver la duda en sus ojos al mirarme.
— Esta bien. Me he enterado de que mañana Clara va a ir al parque donde nos conocimos, así que podemos quedar ahí sobre las 10 de la mañana.— la cara de confusión me delata, por lo que no necesito preguntar nada— Clara es la chica que me gusta. Quedaremos mañana para que nos vea. Tenemos un trato ¿recuerdas?
Asiento con una sonrisa falsa antes de despedirme con prisa para inmediatamente después irme a mi casa. Al salir por la puerta no evito la mueca que se forma en mi rostro.
Por un momento me olvidé del trato, por un momento pensé que solo eramos dos amigos pasando el rato. Por un momento pensé que era real.