Me revuelvo entre la calidez de mi cama no muy convencida a escapar de ella solo por un molesto sonido proveniente de la planta baja. Creo que alguien está llamando al timbre pero todavía me encuentro atrapada entre los brazos de Morfeo y no puedo estar segura.
Intento ignorarlos pero cuando me percato de que la persona de la puerta no está dispuesta a ceder me hago a la idea de tener que renunciar a mi pequeña siesta. Normalmente no duermo después de comer, lo de hoy ha sido una excepción porque mi cuerpo se sentía excesivamente cansado.
Observo la hora calculando mentalmente cuantos minutos de paz me quedan hasta que mis padres salgan del trabajo. Una mueca se instala en mi cara cuando me percato de que no debe faltar mucho para que lleguen porque salieron hace algo más de quince minutos de su oficina. Tal vez debería limpiar un poco la casa a pesar de que el tiempo juegue en mi contra para evitar futuros problemas.
Un nuevo timbrazo resuena por las paredes recordándome el motivo por el cual me he levantado de la cama. Una idea se me cruza entonces por la mente y ante la sola idea salgo corriendo en dirección a la puerta.
Estoy segura de que mis padres se han olvidado las llaves. Estoy más convencida aún de que voy a sufrir las consecuencias de hacerlos esperar tanto tiempo.
No espero al siguiente sonido para abrir la puerta, simplemente la abro manteniendo la cabeza gacha para no agravar más su posible enfado. Lo último que querrán en ese momento es verme.
—Hola, nena. ¿Pensando que te ibas a escapar de mí? — levanto la cabeza de golpe al oír esa voz y compruebo mi teoría.
No puedo evitar abrir la boca. Oh, mierda, ¿cómo demonios me encontró? ¡Si ni siquiera nos conocemos!
Me encuentro tan sorprendida que este entra un casa antes de que pueda reaccionar y cerrarle la puerta en las narices. Maldigo por lo bajo y él hace como si no me hubiese escuchado aunque su sonrisa burlona lo delata. Maldito. Vale, tengo que mantener la calma. Igual si le digo que salgamos a dar un paseo le pueda cerrar a tiempo dejándolo fuera. Lo vi una vez en una serie y al protagonista le funcionó muy bien.
—¿Qué pasa? ¿Te comió la lengua el gato? — Mi plan se va a la mierda cuando cierra la puerta y avanza hasta mi cuarto como si fuese su casa.
—¿Cómo sabes donde vivo? ¡No sabes ni como me llamo!
—Tengo mis métodos.— responde sonriendo— Ahora dime, ¿Por qué huiste? — interroga mientras se tira en mi cama y cruza los brazos detrás de su cabeza como si fuese su propio cuarto.
Alguien tiene exceso de confianza.
—No huía, solo que tenía que… — vale, solo tengo que poner una excusa creíble, no es tan difícil.— que mirar las estrellas con mi telescopio.— Vale, tal vez sí que sea difícil.
—¿Las estrellas?, ¿de día? Creo que tendrás que buscarte una mejor excusa.
—¡El sol! El sol es una estrella y... tenía que... venir antes de que se fuera. Sí, eso es.— sonrió angelicalmente, aunque sé que me ha pillado. Levanta una ceja con burla y ni yo me creo la idiotez que acabo de decir. Estúpido cerebro— Bueno da igual, ¿qué haces en mi casa?
—Dejarte claro que salir corriendo no iba a cambiar nada.
Mis mejillas empezaron a adquirir un tono rojizo al verme descubierta hasta que un sonido procedente del pasillo me alerta. Todo mi cuerpo se torna pálido al reconocer esas voces como las de mis padres. Mierda. Mierda, mierda, mierda. Necesito sacar a..., bueno como se llame, necesito sacarlo antes de que lo vean o estaré en problemas. ¿Dónde lo escondo? Ay, como nos escuchen hablar estoy jodida.
—Vale, necesito sacarte de aquí antes de mis padres me den la paliza del siglo.
Abro los ojos desmesuradamente cuando me doy cuenta de lo que he murmurado. Muerdo mi labio fuertemente, aprovechado que estoy de espaldas.Soy una estúpida.
Él se ríe entonces. Piensa que es una broma y no se si sentirme agradecida o decepcionada por eso. Solo sé una cosa, como no lo saque de casa ya voy a morir y no de manera figurada.
—Oye, tranquila.— habla con calma al notar mis nervios— Puedes entretenerlos y yo salgo por la pu...— le tapo la boca para que se calle cuando escucho la puerta abrirse. Actúo por instinto y lo arrastro dentro del armario, todavía con mi mano en su boca.
Con la mano que tengo libre cierro la pequeña puerta de madera para no dejarnos a la vista sin retirar la otra de sus labios. Intento agudizar el oído para entender lo que dicen pero solo me entero de trozos de una conversación.
Me percato entonces de que la respiración suya no va al mismo ritmo que al principio pues se ha acelerado notablemente. Puede que se deba a que le cuesta respirar con mi mano tapando su boca o al diminuto espacio que hay en ese armario en el que apenas cabemos. Si estuviésemos en otra situación posiblemente me sentiría avergonzada por lo juntos que se encuentran nuestros pechos.
El sonrojo perdido invade mi piel con ferocidad cuando sus voces se empiezan a escuchar con claridad. Se oyen poco pero me es sencillo deducir la conversación. Después de unas cuantas burlas y maldiciones hacia mi persona hablan de como transladarse a la reunión a la que están a punto de acudir.
No me permito relajarme hasta que un nuevo portazo me anuncia que han vuelto a irse. Intento pensar en alguna excusa por lo que habrá escuchado pero mi mente se encuentra en blanco. Le miro de reojo y veo que me está mirando como hace unos minutos. No se ha enterado de nada, debe de haber estado muy incomodo por el espacio y ni se ha percatado de lo que decían. Eso logra calmarme aún más.
Aparto la mano que tenía para callarlo y apoyo mi cabeza en su hombro agradecida de que todo haya salido bien. No es hasta ese momento en el que me percato de que sus manos están en mi cintura trazando círculos imaginarios, que sorprendentemente logran tranquilizarme del todo.
Tras unos minutos así, me despego de él a regañadientes y le hago una señal con la cabeza para que salgamos del armario.
Una vez fuera pienso en una manera de echarlo sin ser demasiado maleducada. Sé que mi hermana hoy no vendrá a dormir porque vi su nota y que mis padres estarán tan ebrios que dormirán en la casa de alguno de su grupo o en un hotel, pero aún así no quiero arriesgarme.
Me sorprende dejándome un papelito en la mano antes de susurrar un hasta mañana acompañado de una brillante sonrisa mientras deja la habitación. ¿Qué narices? Le doy la vuelta curiosa por su contenido y sonrío inconscientemente al ver su número de teléfono escrito a bolígrafo.
"Llámame o vendré a buscarte, Atte: Ilian"
Solo puedo pensar en lo bonito que suena su nombre antes de preguntarme de dónde demonios sacó el papel.