Capítulo 29

828 Words
Betty le dijo a Viviana que no podía ir a la oficina de Macedo. Saldría con Guillermo al dentista para que le extraigan una muela carcomida por las caries. -El muy maricón está que llora porque irá al dentista y me hizo prometerle que lo acompañaría en ésta su hora final-, se disculpó amargada. Viviana echó a reír por lo que le decía su amiga. -No te preocupes, loca, los hombres son muy maricones, más que nosotras-, echó a reír. -Sí, pues, le siguió el juguete Betty, si es así, entonces mejor lo boto de mi vida como a un perro- Las dos amigas rieron divertidas. Betty le dio algunos consejos a Viviana. -No demuestres mucha sorpresa o interés en la oficina, su hermana podría pensar que estás involucrada al tal Ibarra. Trata de ser muy natural, que, en efecto, estás haciendo tu tesis de derecho con el asesinato de Macedo. Intenta ser distraída, como perdida, así ella no mostrará reticencias en decirte todo acerca de ese abogado muerto-, le enumeró. Vivi también había pensado en eso, pero lo real es que su corazón parecía un potro queriendo saltar las vallas dentro de su pecho. -La verdad es que me asusta encontrarme con mis pesadillas-, dijo Viviana. Era cierto. iría justamente a dónde se iniciaron sus sueños, la calle famélica, los postes de alumbrado, quizás el timbre empotrado, los peldaños crujiendo, la oficina estrecha, el desorden en su escritorio, las paredes despintadas y la puerta del desván donde sale esa mujer. Ver eso que vivió antes, cuando seguramente era un hombre, le aterraba y le tenía un nudo en la garganta. -Es la única manera que puedas dormir tranquila y hacer tu vida normal, Vivi-, le subrayó Betty. -Te cuento todo lo que me pase, tarada, dijo Viviana, si es posible tomaré fotos con mi celu, espero me deje la hermana- -¡Te llamo en la noche Vivi!-, chilló su amiga y colgó. Viviana se alistó. Se puso una blusa verde, sus jeans bien ajustados, botines y se colgó una canasta al hombro donde puso su celular, su block de apuntes y sus cosméticos. Luego se miró en el espejo. -Es hora de encontrarme con mi pasado-, se dijo resuelta y salió apurada pero decidida. ***** Pese a los veinte años transcurridos, Gutiérrez estaba aún obsesionada en meter a la cárcel a Ibarra y hacer pagar por todos sus crímenes. Solicitó el impedimento de salida del ex presidente al congreso, sin embargo su moción no tuvo eco. Por el contrario, el ex mandatario había sido galardonado con las palmas magisteriales en el grado de Amauta por el congreso subyugado a él. -¿Te das cuenta, Doris? Ese maldito ni siquiera es profesor o algo por el estilo para ser Amauta-, echó a reír con ironía Gutiérrez. Su ahora asesora en el congreso, donde cumplía su segundo periodo parlamentario, también se divirtió a carcajadas. -Tiene todo comprado-, se resignó. Techi sirvió café y galletas a las dos y ella también se sentó a departir de la merienda. -Siempre he pensado que el general Zevallos tenía pruebas suficientes para hundir a Ibarra, creo que Macedo escondió esas pruebas, los asesinatos, no creo que ese maldito haya encontrado los documentos incriminatorios-, comentó Techi. -Los peritos revolvieron totalmente la oficina y también hicieron lo mismo en su casa y no encontraron nada. Además, veinte años después es muy difícil encontrar algo-, le recordó Doris Mejía. Techi, sin embargo, estaba convencida que había algo escabroso que ocultaba Macedo. -Mi instinto detectivesco me dice que había mucho más que esos documentos que le dio a Nancy-, insistió tomando el café. Gutiérrez sin embargo, estaba muy pesimista. -No pudimos hallar nada en todos estos años. Arnoldo Rengifo, el nuevo fiscal, ha archivado nuestras carpetas. Es asalariado de Ibarra. Todo está a favor de él-, contó abatida y resignada. -Dice que se volverá a postular en las elecciones dentro de dos años. Las encuestas lo favorecen ampliamente-, remarcó Doris Mejía. -Veinte años, suspiró Gutiérrez, parece que fuera ayer que estábamos en la fiscalía tratando de convencer a Macedo que nos de las pruebas para meter en la cárcel a Ibarra- -El tiempo se pasa volando-, reflexionó Techi. Nancy se puso de pie y se sobó el mentón. Estuvo en silencio unos instantes. -¿No sería maravilloso si Macedo se reencarnara en alguien, viniera donde nosotras y nos diga dónde están todas las pruebas para incriminar a Ibarra?-, pensó en voz alta. -¿Crees en la reencarnación?-, preguntó Techi. -No sé. Yo lo que creo es que Macedo está atrapado en el limbo, dolido y angustiado sin haber podido cumplir su gran sueño de ser un héroe de la patria. A lo mejor busca a alguien, buena persona, consciente y con mucha entereza para que cumpla su anhelo, su última voluntad-, subrayó Gutiérrez. -Ojalá y ese alguien venga y nos ayude a encerrar a ese criminal-, sentenció, tratándose de darse ánimo, Doris Mejía.
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