El Olivar es un parque inmenso, tranquilo, entrecruzado de caminitos de polvo y algunos empedrados, es, quizás, el más grande de Lima, un oasis en medio de apuro y el intenso trajín cotidiano, de preocupaciones, caos y tensión diaria. Se empinan árboles robustos de intensas ramas, copadas de miles de hojas, bailoteando al viento y al compás del canto de infinidad de variedad de pájaros, bullangueros, desinteresados y piando, siempre, frenéticos y festivos. Hay piletas y grutas, también alambradas y flotan cientos de mariposas como un mágico espejismo. Todo es quietud, un remanso de tranquilidad en contradicción del desenfreno de las calles y avenidas aledañas. Pasean parejas enamoradas, respirado el aroma a paz y romance, y juegan niños empujando triciclos con encanto y diversión con sus r

