Un temblor invadió el cuerpo de Milar. Sentía miedo. El miedo se apoderaba de él. ―Debiste haber muerto ―musitó tratando de contenerse. ―No lo hice ―se le acercó mirándolo a los ojos. Traspasándolo con su mirada―. Me mantuve viva. Viva para terminar esto. ―No… no… no, no, ¡no! ―gritó y luego se echó a reír―. ¡Ahora yo soy el más poderoso! ―una enorme sonrisa tiró de sus labios. ―De igual forma te mataré ―dijo circunspecta. La cólera llenó al Fundador. ¿Cómo era posible que una gárgola se atreviera a hablarle así a él, al más fuerte de todos? Él era un fundador. Pero no un fundador cualquiera; ahora era el más poderoso. ―¡No será así! ―gritó el sujeto―. ¡No me matarás! ―y extendió la mano hacia ella, listo para hacerla caer bajo su poder. Un leve viento golpeó el cuerpo del hombre,
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