―Creo que todo esto… ―dijo Sadrac entristecido―, creo que yo…, yo tengo la mayor parte de la culpa. ―No, no digas… ―No ―la interrumpió―. Es verdad. Yo no tenía los ojos puestos en mi familia. Les di la espalda a mis hijos y se convirtieron en monstruos; yo los convertí en monstruos, y ellos crearon más monstruos. Y… bueno, fueron muchas las cosas malas que hice o permití. Katiana exhaló un suspiro. ―Todos nos equivocamos ―dijo tomándolo de la mano―. Lo que ahora importa, es que dejaste tu pasado, y cambiaste. Eso es lo que importa ―lo abrazó. ―Perdón por no contestar tus llamadas y mensajes. ―Lo entiendo. ―Cuando me dijiste lo que pasó, cuando me enteré de que ya lo sabías… me preocupé mucho. No quería que nada te pasara. Quería llamarte pero no podía. Hay muchos golins que cuenta

