El sujeto caminó por la trocha hasta llegar al rio. La lluvia era leve, y el camino estaba mojado y resbaloso. Un par de relámpagos iluminaron el oscuro paisaje, y un animal huyo entre los arbustos, al sentir el paso del hombre. Después de caminar por varios minutos río arriba, el sujeto llegó hasta una enorme roca que se encontraba en la mitad de la corriente, sobre una pequeña playa. Miró más hacia adelante, y vio una cascada que caía sobre una posa, formada en el centro de una peña. Las aguas se veían oscuras por el n***o firmamento. ―¡Vaya, vaya, vaya! ―dijo una voz desde arriba de la cascada―. ¿Pero a quien tenemos aquí? ―Hasta que al fin te encuentro, Milar. ―El hijo prodigo vuelve a casa ―sonrió―. Tanto tiempo, Pedro ―dio un salto y cayó a cinco metros frente a él. ―El tiempo

