El Deseo Es Incontrolable

1214 Words
Emocionado por la noticia, Rodrigo organiza una reunión familiar en su casa a la noche siguiente, él quería darles a todos la gran noticia. —¿Está todo listo Tomasa? —le pregunta Verónica a su empleada. —Si señora, ya el chef que contrato el señor tiene todo preparado. —Gracias —le responde Verónica. Ella se soba las manos nerviosa, no solo por su duda, si no por la presencia de Alejandro, lo que había sucedido en el baño de la casa de sus suegros la había dejado inquieta. Verónica cierra los ojos y respira profundo, en ese momento el timbre suena. Ella traga en seco y prepara una sonrisa, en segundos, su suegra y su suegro entraron por la puerta. —¡Verónica! Tan bella como siempre —dice Marie, saludándola con un beso en la mejilla derecha. —Gracias, Marie —le contesta ella. —¿Verónica? Es un gusto verte —le dice Baltazar Bianchi, serio como siempre. —Bienvenido señor Baltazar —le dice Verónica. —¡Padres queridos! —los saluda Rodrigo bajando las escaleras, se veía notablemente emocionado. —Hijo, gracias por la invitación, pero ya queremos saber qué es lo que quieren decirnos —le responde Marie. —¡Tranquilos! Casi llega el momento, ¿Verdad mi amor? —dice Rodrigo, pasando su brazo por la cintura de Verónica. Ella solo sonríe, estaba muy nerviosa, pero tenía que disimular. —¿Y Alejandro? También lo llame a él —pregunta Rodrigo. —Ya lo conoces, debe estar enredado en alguna cobija —responde Marie. Verónica no supo porque ese comentario le ocasiona una breve molestia, nunca le había pasado antes, pero también se sentía más tranquila que Alejandro no hubiera ido. Pero la tranquilidad de Verónica le duró poco, unos minutos después, mientras tomaban una copa en la sala, Alejandro llega. —Buenas noches, lamento la tardanza, estaba ocupado —dice él muy tranquilo, entrando a la sala. —La puntualidad no es una de tus cualidades hermanito —le responde Rodrigo. —Tampoco la honestidad es una de las tuyas —le contesta Alejandro. —Ok, ya basta, esto es una reunión para celebrar, aun no sé qué, pero me imaginó que es algo muy bueno, así que no quiero una de sus típicas discusiones —interviene Marie. Rodrigo sin dejar de mirar a Alejandro, le responde. —así es mamá, es una reunión para celebrar, así que antes de pasar al comedor, quiero que todos tomen una copa para brindar por Verónica y por mí. Rodrigo pide a los empleados que repartan vino, y luego alzando su copa, dice. —¡Familia! Verónica y yo... ¡Seremos padres! Todos quedaron atónitos con la noticia, pero Alejandro quedó más que eso, él queda totalmente perplejo, paralizado, ni siquiera pudo brindar, su corazón empezó a latir tan rápido que sentía que se le iba a salir del pecho. —¿Qué pasa Alejandro? ¿No estas feliz con la noticia? —le pregunta Rodrigo. Él reaccionando, contesta. —Si, claro que sí. Verónica lo mira y se da cuenta que su rostro esta pálido, la noticia había sido un balde de agua fría para él, o al menos eso era lo que a ella le parecía. Minutos más tarde, Verónica les pide a todos pasar a la mesa, sus suegros y Rodrigo se dirigen hacia el comedor enseguida, pero ella es detenida por Alejandro antes de hacerlo. —¿Cuánto tiempo tienes de embarazo? —le pregunta él ansioso, hasta nervioso se podía decir. —Poco, ¿por qué? —le pregunta ella desconcertada. —¿Menos del mes? —le vuelve a preguntar él. —Si, ¿por qué me preguntas eso? —le pregunta Verónica. —Nada, por nada —le responde él, de manera misteriosa. Alejandro se acerca a Verónica y ella empieza a ponerse muy nerviosa. —¿Estás bien? —le pregunta él. —Si, estoy bien, pero tú no, estas muy extraño —le dice ella. —Estoy bien, solo que la noticia me tomo por sorpresa, pero ahora estoy muy bien. Alejandro se acerca a un más, tanto, que sus labios casi rozan los de ella. De pronto, Tomasa los interrumpe. —¿Disculpen? Los están esperando. —Si, ya vamos Tomasa —responde Verónica rápidamente. La empleada los mira un poco desconcertada, ellos estaban muy cerca. En el comedor, Alejandro miraba a Verónica y sonreía, su asombro se había convertido en emoción. ¿Pero porque Alejandro actuaba así? ¿Qué ocultaba? Después de la cena, la familia se despide, todos estaban felices por la noticia, Alejandro se acerca a Verónica y le dice al oído. —Estaré muy cerca de ti. Ella se aparta y lo mira desconcertada, no entendía esas palabras. Rodrigo mira a Verónica y luego a Alejandro, a él no le gustó mucho el gesto de su hermano. Al irse todos, Verónica se dirige hacia la habitación, pero Rodrigo la detiene y tomándola por el brazo le pregunta. —¿Qué te dijo mi hermano al oído? —Nada importante, solo me felicito y ya. —¿Solo eso? Esas cosas no se dicen al oído —le responde Rodrigo muy serio. —¿Qué estas insinuando? —le pregunta Verónica. —Nada, solo que esas confianzas no me gustan Verónica. Verónica sonríe irónicamente, luego le responde. —Que cínico eres, ¿Ahora eres tú quién desconfía de mí? ¿No te parece eso mucho descaro? —No, solo te exijo menos confianza con mi hermano, eso es todo, no quiero dañar la noche, así que mejor sube a la habitación, yo tengo que salir —le responde Rodrigo. —¿Ahora? ¿Acaso vas con tu amante a celebrar? —le pregunta ella. —Verónica, ve a descansar y deja de hacer tanto drama, no hay amantes, ya te dije solo fue un error —le responde Rodrigo muy tranquilo. Pero Verónica no le creía nada, sabía que había otra mujer. Ella empieza a llorar al pie de las escaleras, se sentía burlada, humillada, Rodrigo quería que ella siguiera como si nada ocurriera, ¡¿pero cómo rayos hacía eso?! ¿Cómo? Verónica seca sus lágrimas y sube a su habitación, al entrar, empieza a quitarse el vestido quedando en ropa interior, camina hacia el closet para elegir su piyama, pero cuando da la vuelta, ve a Alejandro justo frente a ella. —¿Alejandro qué haces aquí? —le pregunta Verónica asombrada. Él camina hacia ella, y poniendo sus dedos sobre los labios de Verónica, le responde. —Solo quiero terminar lo que dejamos pendiente en el baño y en la sala. Verónica estaba muriéndose de miedo, su corazón se le iba salir del pecho, ella no podía ni hablar. —Ya no quiero ocultar más esto Verónica, y tú tampoco deberías —le dice él al oído con tono seductor. Verónica trata de hablar, pero él la detiene poniendo sus dedos nuevamente en sus labios. —No digas nada con tu boca, tu cuerpo ya me dijo lo que quería escuchar. Verónica lo miraba como se mira el agua en el desierto, con deseo y ansiedad. Su mente le decía que no, pero su cuerpo le gritaba “¡quiero!”
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