Un poco del panorama

1150 Words
Un poco del panorama ― ¡¿A caso te volviste loca?! ―la pregunta de su amiga no le sonó a reproche a pesar de que Yen le había interrogado con cara de pocos amigos. Mía sonreía y disfrutaba de tener cerca por lo menos un rostro familiar. Tom parecía duro, pero en medio de ese sufrimiento había podido darle la alegría de tener con ella a su mejor amiga. ―Aún no había terminado de abrazarte, estúpida ―le dijo Mía sonriendo apenas luego de secar las lágrimas de su rostro ―. Ya te expliqué Yen y no estoy de ánimos para repetir la historia ―le respondió Mía con la voz plena de cansancio. ― ¿Entonces de verdad mi amiga Mía Alice Ferdinand, se casó con el magnate Craig Dylan Owen y no me invitó a su boda? Yen lograba moverse entre un reclamo amistoso y una broma suspicaz; Mía sabía que esa era su personalidad, por lo que sonrió antes de responderle. ―Lo dices como si hubiese tenido la oportunidad de escoger a quien invitar. ―Pero es que no entiendo como fue que te metiste en una locura como esta… no me cabe en la cabeza. ―No te preocupes, Yen, a mí tampoco me cabe ahora que estoy entendiendo lo que hice, pero no te mandé a buscar para que me regañases, que ya tengo suficiente con mis propios reproches: Le pedí a Tom que te trajese porque necesito un favor de ti. ―Alice… ―Por favor Yen sabes que no me gusta que me llamen así. ―Está bien «Mía» ―se burló su amiga―… dime que es lo que necesitas… sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. Mía asintió. Ella sabía que eso era cierto, ella le había demostrado una amistad invaluable y una lealtad como ninguna otra, por eso su amistad iba más allá de cualquier barrera. ―Debes cubrirme Yen… este palacio se ha convertido en mi prisión ―al decir esto, Mía volteó a mirar a Tom, quien se había quedado un poco rezagado, pero lo suficientemente cerca como para estar al pendiente de la situación. Mía sabía que estaba siendo vigilada―: Este no es el cuento de hadas que cualquiera sé imaginaria. Me casé con un ogro y ahora debo lidiar con ello. ― ¡Mía, pero no tienes por qué soportarlo! Podemos denunciar la situación y ese matrimonio quedará disuelto―susurró Yen, entendiendo que su amiga no quería que el sujeto de seguridad se enterase de su conversación. ―No me entiendes Yen, yo necesito seguir adelante con esto. Lo necesito para sacar a mi familia del fondo; debo seguir adelante para cumplir mi parte del trato y poder pagar las deudas. Yen asintió recordando que la situación de su amiga era terriblemente difícil. Las deudas estaban a tope y no había nadie dispuesto a darle una mano en su situación. Si Yen hubiese tenido como hacerlo, hubiese dado todo para ayudarle, pero ella también venía de una familia pobre, por lo que pudo entender lo que Mía le pedía. ―Entiendo tu punto Mía, pero sabes que tu madre sufrirá un infarto cando se entere de que su hija se casó con un hombre que no ama, ¿Lo sabes?… su mente es demasiado conservadora como para aceptar algo así. ―Lo sé, Yen, por eso necesito tu ayuda ―admitió Mía con mucho pesar―. Tú debes cubrirme. ― ¿Yo? ¿Y cómo rayos se supone que haga eso? ―No sé Yen, dile que me surgió un empleo demasiado bueno y que tuve que salir de la ciudad de inmediato o dile que estoy trabajado de azafata o que sé yo, tú eres buena para inventar, solo te pido que no permitas que se sepa la verdad. Mía estaba tratando de explicarle la situación a su mejor amiga, cuando Tom recibió un mensaje por su intercomunicador. Sus alarmas se dispararon de inmediato, por lo que interrumpió la conversación de las dos amigas sin un mínimo de educación. ―Tenemos que sacarla de aquí. ― ¡Pero qué dices Tom! ―refutó con molestia Mía, quien le miró de mala manera cuando vio que tomó a Yen de la mano. ―El señor Owen está entrando en la propiedad en este preciso instante, él no puede darse cuenta de que la señorita entró sin su autorización. Tom terminó de decir esto y comenzó a llevar a Yen de la mano directo a la puerta. Mía, quien ya no iba vestida con el traje de novia, sino que iba vestida con un jean y una blusa que encontró en la que se suponía que sería su habitación desde ese día, comenzó a seguirles, intentando despedirse de su amiga. ―Cuenta conmigo Mía, haré lo que esté a mi alcance ―le dijo Yen, divertida por ser «arrastrada» de esa manera por el grandulón. Mía estuvo a punto de responder, pero antes de que ella pudiese decir algo, la puerta se abrió de golpe frente a ellos, dejando al señor Owen justo frente a sus narices. Tom se puso rígido de inmediato, con un rictus de seriedad en su rostro; Yen estaba intrigada al darse cuenta de lo atractivo que era el nuevo esposo de su mejor amiga; Mía, por su parte, sintió un respingo de preocupación al verle en ese estado. ― ¡¿Dónde está mi esposa?! ―fue lo único que preguntó Dylan, quien se encontraba intoxicado por los efectos del alcohol. Mía se puso tensa al escucharle proferir aquella pregunta. Tom se percató del asunto, por lo que intentó dar un paso al frente para servir de mediador. ―Señor, hacía mucho tiempo que no bebía así, es mejor que intente descansar. Dylan clavó su mirada en su amigo antes de decirle: ―Yo no necesito que me digas que hacer… Además, ¿Quién se supone que es esa chica que metiste a mi casa? ¡Quiero que la saques de inmediato de mi propiedad antes de que llame a la policía! El nivel de incoherencia del CEO potenciaba sus ataques de ira, por lo que Mía temió por su amiga sintiéndose culpable de haberle metido en una situación así. ―Por favor Tom, llévate a Yen. ―Mía, no, no puedes quedarte a solas con él ―le reprochó su amiga. ―Debo hacerlo, después de todo soy su esposa. Tom asintió sin mucho convencimiento, por lo que se apresuró a salir de la casa llevándose a Yen consigo. Mi respiró al ver como Dylan, quien apenas lograba mantenerse en pie, cerró la puerta y se giró para quedar frente a ella. Todos sus músculos se tensaron cuando su esposo de mentiras le dedicó esa mirada tan contradictoria y le dijo: ― ¿Por qué tan sería mi amor?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD