Un encuentro inesperado
―Perdone, señor Owen, no estoy de ánimos
Mía se sintió sobrepasada por esa extraña sensación de cercanía. Su esposo le había hecho aquella pregunta de una manera frontal, algo totalmente contrario a lo que ella esperaba de él.
Dylan dio un par de pasos para alejarse de la puerta y acercarse a la chica que ahora iba vestida de forma casual.
La noche ya estaba bastante avanzada, por lo que el lugar estaba completamente desierto. Mía pensó en las posibilidades.
― ¿Se supone que tiene que ser algo que me importe? ―le respondió el sujeto, quien se mostraba reacio a dejar de lado su carácter frío y distante para con ella.
Mía suspiró enfadada consigo misma por creer que existía la posibilidad de un desenlace distinto a lo que había sido anteriormente.
―No, señor, no debería ―Mía dijo esto sin siquiera mirar a su esposo.
Ella se dio la vuelta e intentó volver a la que había sido asignada como su habitación, pero la mano del poderoso CEO le atrapó por el brazo y le retuvo allí mismo.
Mía pasó de sentir un dejo de cordialidad para comenzar a experimentar un miedo creciente.
―Yo no te he dado permiso para que te retires.
―No sabía que tenía que pedirle permiso ―le respondió Mía respondiendo a la altivez de Dylan.
― ¿Se te olvidó que ahora soy tu esposo?
―No se me olvida, señor… no se me olvida que ese matrimonio no fue más que una farsa y que entre usted y yo solo existe un acuerdo desigual, pero nada más.
Dylan estaba alterado por todo lo que había bebido. En sus planes para esa noche había estado aquella chica linda que había conocido en el bar, pero había algo en su cabeza que no le dejaba estar tranquilo y por eso sus planes cambiaron del todo.
―Entonces, si yo te ordeno que te quedes aquí y me escuches, ¿tú no estás dispuesta a obedecer?
Mía intentó librarse de la mano de Dylan, pero la manera en la que este le sujetaba del brazo le decía que él no tenía ningún tipo de consideración
―No tiene sentido, señor… ¿Qué se supone que deba escucharle? ¿Más reproches y humillaciones? Para eso mejor me retiro a mi habitación.
― ¿Y si yo te obligo?
― ¿Me haría daño? ―le preguntó Mía completamente invadida por un miedo visceral que le subía desde la espalda baja.
Dylan le soltó el brazo, apenas escuchó a Mía decir esto. Las contradicciones de su alma estaban a tope.
Si él había seleccionado a Mía de entre todas las demás candidatas, había sido precisamente por ese sentimiento de sobreprotección que le surgía hacia ella, al mismo tiempo que sentía ese rechazo por todo lo que ella le hacía sentir.
Esa borrachera no había sido en vano.
―¡Preferiría matar al diablo antes que permitir que alguien le ponga a usted una mano encima, señorita!
Mía quedó más confundida luego de escucharle decir esto.
―Es irónico que lo diga el mismo sujeto que no ha hecho otra cosa más que humillarme desde que lo conocí.
Dylan negó con su cabeza, dejando en claro su respuesta negativa a esa afirmación de parte de su esposa. De pronto su cabeza comenzaba a dar vueltas.
―Usted no entiende… usted no entiende señorita Ferdinand ―Dylan comenzó a tambalearse mientras las palabras salían endebles de su boca―… yo no quiero hacerle daño… yo solo quiero…
―Señor… ¡¿Señor Owen?! —Mía se asustó mucho cuando vio al sujeto estando a punto de caer— ¡¿Señor Owen que le pasa?!
La pregunta desesperada proferida por Mía cuando vio al sujeto tambalearse sin control, quedó sin contestación, pues Dylan Owen solo quería terminar de explicar sus motivos.
―Yo solo quiero… yo solo quiero que usted me entienda señorita…
―Ya no hable más ―le dijo Mía apresurándose para colocar el brazo de él sobre su hombro para servirle así de sostén.
El cuerpo del CEO era fornido, por lo que la tarea de llevarle hasta su habitación fue realmente difícil.
Mía estaba en una encrucijada; por un lado, no quería saber nada de ese sujeto que había tenido la peor actitud para ella, pero al verle así en esa situación no podía quedarse brazos cruzados sin ayudarle.
―No intente hablar, usted debe saber de esto más que yo… estoy segura de que no es la primera vez que se pone así de borracho.
―Estoy muy borracho… sí, tiene razón señorita —admitió Dylan con su cuerpo contorsionado sobre su propia cama—… Por eso mismo quiero aprovechar para confesarle algo que jamás me atrevería a decir… quiero ser sincero con usted… quiero ser sincero… pero tengo miedo.
Mía había dejado a su esposo recostado sobre la cama, pero su corbata y chaqueta le cortaban la respiración por la forma aparatosa en la que se había dejado caer.
Aquella confesión del CEO fue apabullante. Mía tenía miedo de lo que pudiese escuchar de esos labios provocativos y sensuales.
―Lo que sea que diga no serán más que las palabras de un borracho, así que mejor déjeme ayudarle para que pueda descansar y se le pase esa borrachera.
Mía se inclinó para desatar el nudo de la corbata de Dylan y ayudarle a quitarse la chaqueta, pero cuando quiso ayudarle con la camisa, el sujeto le atrajo con fuerza para hacerla caer sobre su pecho.
La impresión hizo que ella dejara escapar un grito ahogado desde su garganta cuando se vio sobre el pecho desnudo de su esposo de mentiras.
―Si no quiere escuchar mis palabras… por lo menos escuche lo que dice mi corazón ―sentenció Dylan mostrando de pronto una lucidez efímera que se desapareció en un segundo antes de quedar completamente dormido.
Mía se quedó estática sobre el cuerpo de Dylan, escuchando el latido de un corazón que cabalgaba desbocado en un trance de intensidad.
Todo durante ese día había sido un completo desastre de decisiones tomadas por impulso y sin pensarlo mucho, pero nada comparado con eso.
Ahora estaba en la habitación de ese hombre prácticamente desconocido que se había convertido en su esposo. Él estaba borracho y diciendo incoherencias y ella había terminado sobre el pecho de él, pero de alguna manera logró sentirse protegida en ese lugar.
Mía se dejó llevar por la sensación de calidez que emanaba de su esposo falso.
Ella sabía que todo era una mentira, pero ahora estaba siendo una mentira muy agradable para una chica desamparada como ella.