La visita del pasado
― ¿De qué demonios hablas? ―le encaró Dylan con la furia inyectada en su mirada, pero la mujer que salió al paso ni siquiera se inmutó por la reacción del CEO.
Mía se quedó muda, estando siempre un paso por detrás del que ahora era su esposo.
La confusión que sentía era imperante mientras veía avanzar a esa mujer de porte elegante y caminar de modelo.
―Dylan, por favor, no me digas que lo hiciste ―la voz de la mujer era melindrosa y bastante aguda. Mía no la soportaba―… no me digas que al final te casaste por despecho.
Mía no estaba tocando a Dylan, pero la reacción de este le hizo saber que las palabras de esa mujer tenían algún tipo de efecto negativo, pues en su semblante de inmediato se mostró la rabia.
El poderoso CEO no respondió en el instante.
Acomodándose la corbata, en ese gesto que Mía luego comenzó a descubrir como algo propio de él, se preparó para darle una respuesta a la chica que ahora llevaba el cabello corto a la altura del hombro y pintado de n***o.
―Me asustas Brian ―Dylan se las arregló para dirigirle la palabra a su ex sin que todo el odio que llevaba acumulado se hiciera presente―… casi me haces pensar que estás reaccionando por celos.
La respuesta de Dylan tuvo un leve impacto en la determinación de la ex, quien se detuvo a un par de metros de aquel altar montado en el medio del salón, donde Mía ahora se encontraba confundida por la aparición de esa mujer llamada Brian.
La rubia clavó sus enormes ojos azules en la humanidad de Dylan y con una sonrisa insinuante, le dijo:
― ¿Celosa de un beso falso como ese? Se nota que esta igualada ni siquiera te mueve una pizca de cómo te movía yo.
Mía se tensó por aquella afirmación llena de lo que parecía ser odio en su contra a pesar de que ella a esa mujer no la conocía, pero antes de que Mía pudiese siquiera abrir su boca para reaccionar ante ese insulto, Dylan se giró ante la mirada de Brian y tomó a su esposa falsa entre sus brazos.
Mía se asombró, quedándose petrificada sin saber cómo reaccionar.
Un beso explosivo estalló entre los labios del CEO y su esposa en ese preciso momento.
Los presentes supieron identificar, en ese instante, el «triunfo del amor» por lo que un nuevo aplauso emergió desde el público para animar aquella reacción impetuosa llevada a cabo por el CEO.
Mía por instinto quiso reaccionar para alejar a ese desconocido de su cuerpo, pero reaccionó entendiendo que ahora había un documento con su firma que decía que ese era su esposo, pero no era solo eso; Mía sabía que había algo más.
Sus sentidos se asfixiaron al darse cuenta de que el hombre que le besaba y que era su esposo, era un hombre de ensueños.
Una mirada regia y un rostro que era como cincelado por una fuerza sobrenatural. Su perfume era fuerte e intenso y su voz ronca y penetrante. Su porte era atlético y su cuerpo musculoso.
Todo podía ser perfecto, si no fuese porque ese sujeto era una máquina de maldad y altivez. Un ogro en todo el sentido de la palabra; un ogro que no había tenido para ella más que palabras de desprecio y manipulación.
Cuando el beso culminó, Mía quedó impactada de la impresión.
Durante un segundo abrió sus ojos y se encontró con la mirada de tigre de ese sujeto que le sostenía contra su pecho. Ella pudo ver en el fondo de ese par de pozos de n***o profundo y se sintió confundida por la impresión que sintió.
― ¿Satisfecha? ―Le dijo Dylan con mucho desprecio a la mujer que ahora se removió incómoda frente al altar.
―Te odio Dylan Owen.
―El sentimiento es mutuo ―espetó Dylan con desdén y altivez―… ahora, si me lo permites, necesitó partir para consumar mi matrimonio.
Brian quedó humillada en su intento de sabotaje. El público falso de esa boda comenzó a aplaudir nuevamente cuando Dylan tomó la mano de su nueva esposa y comenzó a caminar para salir del lugar.
La ex quedó plantada ante el altar, jurándose a sí misma cobrar venganza de esa humillación, mientras Mía caminaba dejándose llevar por la mano de ese que ahora era su esposo.
Ella apenas había caído en cuenta de que un detalle de vital importancia había pasado desapercibido a la hora de firmar ese contrato.
Mía estaba clara de que aquella era una boda falsa.
Ella sabía que todo aquello solo servía para que Dylan pudiese obtener algún tipo de beneficio y para ella a su vez repercutiría en la salida a los problemas de su familia; pero luego de escuchar a Dylan diciéndole aquello último a Brian, cayó en cuenta de que estaba en un gravísimo peligro.
―Disculpe, señor Owen, yo no….
― ¡Camina!
Mía había intentado explicarle algo a su esposo cuando ambos salieron del salón en dirección al vehículo donde Terry ya se encontraba esperándoles.
Dylan aún le llevaba de la mano llevándole casi a rastras.
―Por favor, tengo que decirle algo.
―No quiero escucharte ―sentenció Dylan.
Ambos llegaron al coche.
La noche ya había caído sobre la ciudad, haciendo que las luces y sombras le dieran a la escena un tono mucho más dramático.
―Terry, por favor, llévala al departamento.
―Disculpe, señor ―la expresión del guardaespaldas fue de extrema confusión, lo mismo que la de Alice―… ¿Usted no piensa venir?
Mía volteó a ver a su marido, quien se había quedado de pie como en un estado de estupor.
―No, aún no.
―Señor, su esposa…
―Ella no me importa, llévatela y que espere a mi regreso.
Mía suspiró al darse cuenta de que su miedo había sido infundado, pero ahora acababa de chocarse con una realidad que no se esperaba.
Dylan se dio la vuelta sin siquiera mirarla y comenzó a caminar para alejarse de ellos.
Un instinto de confrontación estuvo a punto de hacerle reaccionar, pero se contuvo. Mía estaba metida en un lío con sus propias decisiones.
―Señorita, es mejor que partamos ya ―le dijo Terry al darse cuenta de su deplorable estado de ánimo.
Mía estuvo a punto de negarse para irse y alejarse de toda esa locura, pero sabía que había firmado un contrato y que ahora su vida no le pertenecía.
―Sí, está bien ―asintió Mía subiendo a bordo del elegante vehículo de estilo inglés.
Terry sabía que aquella pobre chica no merecería nada de aquello, por lo que no pudo quedarse callado.
―Le pido que tenga un poco de paciencia, señorita Ferdinand.
― ¿Paciencia? ―le preguntó Mía conteniendo las lágrimas a la fuerza. Su situación no podía estar peor.
Terry se encogió de hombros antes de cerrar la puerta. Él miró a esa mujer vestida de novia que ahora debía irse sola a su casa y recordó, lo rotó que estaba su amigo.
―Sé que ahora no es posible que lo entienda, señorita… pero el señor Owen si tiene un corazón.