Confusión al amanecer ― ¡¿Qué demonios haces aquí?! Mía estaba vagando en el mundo de los sueños cuando aquel gritó encolerizado, le trajo de vuelta al mundo real con un choque de adrenalina sin comparación. La pobre dio un salto hasta quedar sentada en el colchón sin terminar de entender lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Con el dorso de la mano se rascó los ojos para aclararse la vista, entonces alcanzó a ver a quien le miraba desde el otro lado de la habitación con un gesto contrariado: Dylan estaba en ropa interior con el ceño fruncido y los músculos tensos. ― ¡Usted me pidió que me quedara! ― ¿De qué demonios estás hablando? ―le interrogó su esposo, quien tenía pinta de haberse levantado hacía bastante rato, como si apenas se percatase de la presencia de Mía en su cama has

