Un aliado necesario ― ¡Yen ten cuidado por el amor de Dios! ―Mía reclamó levantando la voz por el susto que le embargaba. Mía estaba determinada a hacer lo que fuese necesario para resolver aquel meollo que se había desatado en sus vidas a raíz de aquella venganza llevada a cabo por el abogado con la ayuda de la pelirroja, pero aquel proceder errático de Yen al volante amenazaba con poner en riesgo sus propias vidas. ―Ten un poco de calma―le tranquilizo su amiga sin quitar la vista del frente. ―Si nos matamos no podremos ayudar a nadie ―sentenció Mía aferrándose con más fuerzas al cinturón de seguridad que le cruzaba el pecho. Yen al fin detuvo el coche habiendo logrado estacionarse por muy poco. Ninguna de las dos se lo había pensado mucho para tomar el coche que conducía Terry cuan

