12 Esa historia tenía que terminar. ¡Y rápido! Con ese pensamiento, salí de mi habitación y me dirigí a la universidad en busca de mi madre. Estaba a punto de llegar a la entrada principal cuando me encontré con la chica que acababa de conocer y que me había ofrecido un café. «Oh, Scarlett, por favor, perdóname. Es que había cola en la cafetería y la dependienta era nueva...», se preocupó, entregándome otro café. «No era necesario», traté de calmarla. Era tan dulce y tierna. Quería contarle más cosas, pero ni siquiera sabía su nombre y no podía preguntárselo sin levantar sospechas. «También me disculpo por lo de ayer. Tenía fiebre y no te traje el desayuno.» «Todo está bien, ¿vale? ¿Estás mejor ahora?» «Yo… Sí», tartamudeó avergonzada. Era obvio que no estaba acostumbrada a que le

