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Besos en Guerra

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Blurb

Lucas Hoffman, un agente especial retirado, dado de baja en el ejercito, con dos corazones purpuras y una medalla de honor, luego de la muerte de su esposa y seis de sus siete hijos, y con cuarenta años recién cumplidos, recibe una llamada que le cambiará la vida.

Adeline Krogh, veterinaria y viuda embarazada de un comandante del ejercito, no esperaba encontrarse en una situación de vida o muerte de forma tan violenta, cuando su esposo muere y los asesinos deciden ir tras ella. Adeline hace una llamada. Del otro lado del mundo, Lucas responde.

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Lucas
—...ería golpearte — dice Sharon, mirándome con reprobación, su cabello corto alborotado le da un aspecto adorable, lo que me hace imposible tomarla en serio, en brazos, sostiene a nuestro pequeñín, Henry, como mi hermano mayor — dijiste que estarías aquí para entonces, y mira todo el desastre que tenemos ahora — oye, te lo compensaré — aseguro, besando su frente — lo prometo — más te vale — se queja — las quintillizas aún no saben que estás de regreso — iré a recogerlas a la escuela — prometo, estirandome. La noche anterior había salido de una misión dificil, a dos ciudades de distancia y esperando mi paga en unas horas, había decidido regresar a casa, hacerle el amor a mi mujer y dormir unas diez horas minimo para luego jugar con mis hijas el resto del fin de semana. Luego, de vuelta a los negocios. Un caso más y me  retiraría, solo tenía que matar a Constantine para asegurar la vida de mi familia Aunque mis planes no resultaron perfectos, llegué a casa a media noche, y había caído en coma hasta hace veinte minutos, mi mujer había preparado todos mis platos favoritos y aquí estaba yo, en boxers y atragantandome en la cocina, con la encantadora vista de mi mujer, una preciosa castaña de ojos grises, la madre de mis hijos. — Luke, necesitamos hablar — dice, Henry se sacude de sus brazos y empieza a corretear, buscando sus juguetes y cantando alguna tontería que escuchó en televisión. —¿que olvidé? — pregunto, sintiendome atrapado, ella se ríe, pero luce nerviosa — faltan dos meses para nuestro aniversario y las niñas cumplen el jueves — Olvidaste...usar condón la ultima vez que viniste a escondidas en medio de un caso — dice levantando las cejas, y estoy congelado, con una sonrisa estupida en mi rostro. Aparto la silla de golpe y tomo a mi mujer por la cintura, era una mujer alta, pero me llegaba hasta la barbilla. La levanto y la beso con fuerza — Maldita sea, te amo — digo acariciando su barbilla, Sharon había estado conmigo desde el principio, aún recuerdo el día que nos conocimos, mis hermanos y yo estabamos corriendo por la base (el viejo nos había castigado por jugarle una broma a Eleanor) ella nos había rebasado en su bicicleta, pero por hacer el tonto, acabó en el suelo. Los chicos siguieron corriendo. Yo me detuve. — Papá! — sacudiendome, abro los ojos, solo para encontrarme frente a mi niña, mi Talia, la unica de mis hijas que sigue con vida, mirandome aterrada, con lagrimas en las mejillas y un bate de baseball apuntandome. Maldita sea. — Talia...— murmuro, parpadeando y entrando en razón. Las pesadillas. Las malditas pesadillas me volverían loco — lo siento, hija. — ¿papi? — pregunta, su labio inferior temblando ligeramente, suelta el bate y se lanza sobre mi, abrazandome y llorando — Dios, Talia ¿te hice daño? — pregunto, abrazandola y revisandola en busca de heridas, mi mano está marcada a rojo vivo en su brazo — Dios... — me aparto, sintiendo asco de mi mismo. De nuevo. Había vuelto a lastimar a Talia. — No, papá...no pasa nada — me asegura ella, ahora mi hija tenía dieciocho años, y era la viva imagen de su madre, mi hija era pelirroja, pero se había teñido el cabello de n***o hace dos años, a su manera, llevaba el luto de sus hermanas incluso en su piel, pero ahora está palida y asustada — no es nada, de verdad. — Si es algo Talia — me quejo, tomando el bate y caminando hacia la sala, viviamos en una casa segura, a solo unas  cuadras de mi hermana Natasha — tengo que reforzar las cerraduras en mi habitación — las rompiste — dice mi hija con voz temblorosa, y yo la miro con sorpresa, al mirar mis manos, veo con sorpresa que estan llenas de cortes y sangre, pero a duras penas las sentía — papá, de verdad me asustaste... — lo siento — digo impotente — desde lo de Eleanor...estoy tenso — Oye, es normal — dice ella, intentando restarle importancia. Mi hija es jodidamente fuerte, una Hoffman hecha y derecha. Desde muy pequeña, Talia ha estado conmigo, o con sus tios, le he enseñado miles de tacticas de defensa personal, y sabe tanto de armas que es la unica de los chicos que puede discutir con Ethan acerca de rifles de asalto. — ¿Como te fue en la fiesta? — pregunto, intentando cambiar de tema y sacudiendo los trozos de madera astillada de mis manos, ella no responde de inmediato, trae un botiquin y se sienta frente a mi — era una cita — me recuerda, yo asiento. Citas. Nunca fui bueno con las chicas, usualmente Kyle se encargaba de atraerlas para nosotros, pero cuando se trata de mi hija, me he visto obligado a leer revistas de adolescentes. — vale, cita. Entiendo — digo asintiendo, el ardor del alcohol es familiar, pero el desinfectante es incomodo — ¿que tal? — Él no apareció — admite, avergonzada, no conozco al chico, pero mi nena rara vez luce avergonzada, así que sé de inmediato que el mocoso le gustaba — me envió un mensaje...no soy tan femenina como le gustaría — oye — digo, levantando su rostro y apartando el cabello recortado de su frente — puedo asegurarte que cualquier chico que te considere "demasiado masculina" es un gallina — lo sé — dice encogiendose de hombros — pero...igual le dije a la tía Nath que me diera consejos — se muerde el labio, es un gesto que le da cierto parecido a mi hermana, pero la mirada en sus ojos, es igual a la de su madre — quiero aprender a maquillarme. — entonces Eleanor te enseñara — digo besando su frente — ¿comiste algo? Mi chica asiente distridamente mientras recoge las cosas del botiquin. Nunca quise una vida de sufrimiento para ninguna de mis hijas, y el pequeño podria haber sido un hombre de coches, pero Scott Constantine me había obligado a mantener a mi Talia de forma que estuviera preparada para lo peor. Y especialmente ahora. Había descubierto algo que ponía en duda todas mia creencias. El esposo de la mejor amiga de mi hermana, esa perra rusa, era el hombre que había matado a mi familia. °°°°°°°°°°°°°°°°°° Mi sobrina Anastasia es definitivamente igual a mi madre, sin contar el cabello n***o y que solía murmurar en ruso (como todos en la familia de mi cuñado) pero el tenerla en brazos me recordaba a mis hijas. Tenían solo siete años cuando murieron, dos días antes de su cumpleaños numero ocho, hace tres semanas que se cumplieron diez años de su muerte, y hace dos meses que mi hermana había dado a luz a otro par de quintillizos. Anastasia era la unica que parecía notar como pasaba el tiempo. Ella misma miraba a sus nuevos hermanos con ceño fruncido y luego a su madre — Lucas — levanto la cabeza cuando veo a Frank llamarme desde la cocina, el hombre luce cansado y abatido, pero  desde que recuperamos a mi hermana, luce rejuvenecido. Me acerco a él, entregando a Anastasia un par de juguetes,  el hombre se asegura de que nadie esté alrededor antes de hablar — ¿que sucede? — pregunto, cruzandome de brazos, el ruso se sienta y me mira — Alena me contó lo de...ti esposa e hijos — admite, y la tensión me recorre de inmediato, pero no digo nada, me limito a mirarlo — llamó ayer — ¿dijo algo? — cuestiono con cuidado, Alena Petrova había asesinado a mi mentor, y su marido a mi familia, pero durante una corta visita a Eleanor en el hospital, me había encontrado con la mujer. — Scott está empeorando — me había asegurado — cuando no tenga otra opción, tu mismo podrás matarlo. Desde entonces, estoy esperando su llamada. — dijo que es hora ¿tienea alguna idea? ¿Ella tiene algo que ver? — Frank es buen hombre, lo admito, y hace feliz a Eleanor, es lo importante. Pero no lo quiero involucrado en esto. — No, no es nada — admito, hace años dejé de perseguir a Constantine, cuando casi pierdo a Talia la primera vez me di cuenta de que había cosas peores. En ese momento. Mi telefono suena

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