Capítulo III

3179 Words
- Amalia, por favor cuídate mucho allá estarás mejor por un tiempo en lo que las cosas mejoran con tu madre y tu padre - vi como mi abuela besaba mi frente y yo me aferraba a ella. - Vámonos pequeña - Mi tía agarraba mi mano con fuerza casi arrastrandome - Nos espera un largo viaje hacia España - - No quiero ir, quiero quedarme con mi abuelita - dejaba caer unas cuantas lágrimas, mientras trataba de mantenerme firme - ¡abuelita!, ¡no dejes que me lleven!, ¡abuelita! - - Yo no quiero que te vayas, pero es por tu bien - vi como mi abuela rompía en llanto, ella fue una dama. Pero la situación era delicada mi padre quería pelear la custodia y mi madre no sabia que era lo que quería. - Vamos Amalia, volverás pronto - Me solté del agarre de esa mujer para abrazar a mi abuela - Vámonos las dos, por favor - mis manitas se abrazaban de la pierna de mi abuela. - Tienes que ir tu, hija, volverás pronto y te vamos a estar esperando, tienes que convertirte en una dama - Vi como se quitaba un collar con una foto de nosotras juntas. Sin más a mis escasos tres años tuve que partir a España obligada por órdenes de la matriarca, para enseñarme a ser una dama y no manchar el nombre de la familia como lo había hecho mi madre. Decían que solo sería tres meses, después pasaron seis, después doce y al final resultaron ser cinco años. Cinco años de infierno que fueron tolerables gracias a una niña que resultaba ser mi prima, Alba, fue la única que me recibió de vez en cuando Lucia apoyaba que yo estuviera ahí, sin embargo ella era más temerosa de la autoridad familiar ya que era la hermana mayor. Jamás olvidaré el momento en el me presentaron a la matriarca, Marcela Lucia Tecades Velázquez, esa mujer alta, esbelta y hermosa a pesar de su avanzada edad. - Amalia Rosalia Sánchez Tecades, la hija bastarda de Cayetana Tecades Francés - Yo solo miraba al piso senti miedo cuando su voz habló con firmeza - Mirame y responde cuando te habló, joven bastarda - - Si - Cuando mi mirada se dirigió a la de ella noté cuanto enojo emanaba. - Veo que tu complexión es algo robusta, un poco más que la de las damas Españolas, dime una cosa niña - Vi como me rodeaba - ¿Qué harías si un niño golpeara a una niña? - - Intervenir, porque una dama no debe ser agredida, ni física, ni moralmente - Guardé silencio, su mirada se posaba mostrando curiosidad. - Si un niño te da una paleta, ¿Qué hacéis? - Yo solo miraba hacia el frente, sabia que debía ser firme con mis palabras e ideas. - La rechazó, una mujer debe darse a respetar - Para ella era increíble. - Quitate ese vestido y quédate en ropa interior - Accedi a su petición dejando mi vestido doblada delicadamente y mi pequeño cuerpo desnudó se tensaba por los nervios - extiende los brazos hacia los lados - Así lo hice ella tomo una cinta métrica, tomo notas y medidas exactas. - ¿Puedo bajar los brazos? - pregunte en mi inocencia. - Si, y lo veo ahora tu complexión, tus ideas y tu cultura están mezcladas - Volvió a pararse frente a mi - Vistete Amalia - Lo que rápidamente hice. - Disculpeme, yo nisiquiera quería ser traída a España - Agache la mirada. - Fue buena idea traerte a España, Amalia Rosalia Tecades Sánchez - Estaba sorprendida - Apartir de ahora ese será tu apellido y el nuevo orden de tu nombre, has demostrado tener el duro carácter de un hombre y cuentas con la delicadeza y sensibilidad de una mujer - solo pude asentir a sus palabras - Tu destino será convertirte en una dama y un caballero y conservar el honor de la familia Tecades vayas a donde vayas - Esa fue y será siempre mi carga, de la nada todo se volvió oscuridad, me había asustando me había agachado, sentandome en posición fetal... Empezaba a escuchar voces fuertes una voz si pude distinguirla y la otra se me dificultaba conocerla. " Hola Luisa ... ¿cómo esta Amalia?" "Ella está bien... pero ¿tú qué haces aquí?" " Ella no es un objeto ..." De pronto escuche un golpe seco, no sabia de dónde venía, me levanté para tratar de seguir la voz gritaba el nombre de mi amada... - ¡Luisa!, ¡amor!... ¡¿Dónde estás?! - empecé a correr buscando una salida, cuando de pronto noté que entraba a una zona con luz, un recuerdo de cuando tenía cinco. - Amalia, ¿porqué Emiliano está llorando? - Vi como el fingía llorar. - Pero tía, el le quitó su muñeca a Lucía, yo solo quería devolvérsela - Solo recibí una cachetada de parte suya. - No vuelvas a acercarte a mi hijo, eres un fenómeno, no se porque la matriarca decidió darte la obligación de ser un caballero siendo una mujer - aquel niño solo se paró detrás de su mamá y en forma de burla enseñó su lengua. - Las niñas no se convierten en príncipes - Solo suspire resignada a defenderme - Pues los caballeros, respetan a las damas, más si son nobles - le dije con firmeza. - Tía Carolina, por favor no regañes a Amalia - Me abrazó - Ella solo quiso cuidar de una dama, todos sabemos que Emiliano siempre nos quita las cosas y desde que Amalia llego no ha hecho más que defendernos y cuidarnos - Lucía solo asentía a las palabras de su hermana. - No me importa, le diré a sus padres que las mantengan lejos de esta bastarda - la tía estaba furiosa, pero la matriarca escuchó todo. - Carolina, ¿se puede saber que ocurre? - Esa mujer estaba perdida, acababa de hacer su propia tumba. - Matriarca... Mil disculpas, esta niña agredió a mi hijo y la estaba retando - Se inclinó en señal de respetó. - Lo oí todo - ella dirigió la mirada ante nosotras tres - Amalia, Lucia y Alba, por favor vayan a cambiarse la fiesta empezará dentro de poco y tu Amalia tienes que sorprender a toda la familia con lo que has aprendido - La matriarca se había convertido en alguien muy dulce y protectora conmigo, sin embargo esos ojos color miel escondían algo más. - Si, señora - Dijimos al unísono para proceder a cambiarnos, mientras mis primas se probaban hermosos vestidos, yo tendría que ponerme un pantalón de vestir, una camisa azul y un saco color n***o, ya estaba acostumbrada a todo esto después de un par de años. Aunque podría parecer un poco tonto, era verdad mi infancia fue cortada a mis escasos tres, cuando me forzaron a aprender a leer y escribir, meses atrás siete para ser exactos se me enseñó a tocar el piano, para presentarme a la sociedad. Por supuesto aprendí rápido, aún así nadie podía sacar a mi abuela de mi cabeza, siempre le escribía cartas y ella respondía, le suplicaba que me dejara regresar pero realmente la situación era muy tensa en donde estaban, mis padres aún peleaban y no querían divorciarse. - Amalia, la fiesta está por comenzar; ¿puedo pedirte algo? - Alba entró junto con Lucía. - Si, las dos queremos pedirte algo - Solo las mire, aunque eran muy pequeñas ellas al igual que yo les cortaron la infancia. Ellas no me veían como una dama, mucho menos como una niña mexicana, si no como un noble caballero, y el sentimiento era recíproco yo no las veía como un par de niñas españolas, si no como damas y unas muy hermosas. - Si, díganme señoritas - les dije besando sus manos. - Queremos que bailes con nosotras, tu sabes que mi madre te defiende - Sonrei tiernamente y en ese momento mientras sostenia las manos de ambas les dije - Claro que bailaré con este hermoso par de jóvenes damas - Ambas estaban felices y satisfechas, cuando empezó a escucharse el vals de entrada les dije a ambas - La fiesta va a comenzar, hermosas damas; ¿me concederían el honor de escoltarlas? - No recibí respuesta verbal por parte de ambas, si no un simple movimiento que de un momento a otro estaba enganchada a sus brazos. Bajamos hasta llegar a donde los padres de las hermanas se encontraban. La matriarca en cuanto me vio dejó de recibir a los invitados y se dirigió a mi llevándome cerca del escenario de los músicos. - Damas, Caballeros y demás miembros de la familia Tecades, hoy tengo el honor de presentarles a la nuevo m*****o de nuestra familia - ella me miró fijamente y yo simplemente hice una pequeña reverencia. - Me da gusto que hayan llegado a este día tan importante para mi - Escuche unos aplausos, otros comentsrios y al final - Ella es Amalia Tecades, integrante de nuestra familia, ella viene de México y aprenderá a convertirse en una dama y al mismo tiempo en un caballero ya que cumple con las políticas familiares. Así que hoy nos sorprenderá tocando una hermosa melodía - Esa era mi señal. - Por supuesto - Me dirigí al piano que estaba en medio del lugar, procedi a tocar varias melodías conocidas, como Virus de Beethoven, las cuatro estaciones de Vivaldi, toque también sonata claro de luna de beethoven y por último procedi a tocar mi pieza favorita llamanda sunlight garden, Álba y Lucía quedaron cautivadas. Recibí muchos aplausos por parte de varios parientes lejanos y cercanos. Después de un buen rato, entre baile y sorpresas musicales Alba tuvo el valor de decir algo que cambiaría el rumbo de la suerte y vida de Amalia. - Amalia, tu siempre has sido la más linda en mi corazón y tu para mi eres mi príncipe - me sentí halagada. - Gracias Alba, es muy lindo de tu parte - Estaba apunto de dirigirme a la tía abuela para decirle algo cuando sentí los brazos de Alba al rededor de mi cintura. - Amalia, me gustas desde que te vi llegar, y quiero casarme contigo cuando seamos grandes - me había quedado en shock Todo volvió a ponerse color n***o y volví a escuchar la voz de Luisa, sabía que cada que volvía era buena idea, otra vez estuve corriendo para encontrar una salida pero al contrario termine en un recuerdo, uno de los más oscuros, que era cuando por orden de la matriarca se me exigiera como cualquiera de mis primos de ocho y diez años, siento una niña pequeña no supe como soporte tal tortura, aparte de soportar las clases, tenía que ir a equitación, clases particulares de literatura, se me obligó a aprender a tocar seis instrumentos diferentes, piano, arpa, flauta, violín, chello y la armónica. La comunicación con mi familia en México empezaba a ser escasa, pasaba las noches llorando y aunque quería mantenerme alejada de Alba y Lucía ellas eran mi consuelo. De todo los recuerdos que tenía, tenían que llegar a mi escenas dolorosas, hasta que a mi mente llegó el recuerdo y la interpretación de mi cerebro de Luisa, al fin podía verla aunque fuera una ilusión de mi mente cuando volví a escuchar su voz. "Sabes que nunca fui de leer, pero quiero consentirte... La mecánica del corazón... " Aparecimos en un hermoso jardín, lleno de rosas donde me senté a su lado y recargue mi cabeza en su hombro y ella leía... - "Primero; no tocar las agujas del reloj..." - al cerrar los ojos note que ella estaba completamente dormida, pues solo se quedó al principio del capítulo cuatro de mi libro favorito fue ahí que en cuanto abrí los ojos un inmenso dolor invadió mi cuerpo, mi mente regresó al momento donde las balas me atravesarón, veía el techo del hospital con un poco de dificultad pose mi mirada en mi amada Luisa estaba profundamente dormida, así que aunque con mucho esfuerzo entrelace sus dedos con los míos y dos lágrimas de mis ojos salieron. - Mi amor, ya desperté, gracias por quedarte a mi lado - Volví a dormir, pero al menos sabia que ya estaba cerca del amor de mi vida y que todo estaría bien mientras yo permanezca a su lado, todo lo malo siempre será positivo. - ¿Amalia?, ¿estás despierta? - Senti como su mano se estrechaba más junto a la mía abrí mis ojos una vez más. - Luisa... Luisa mi amor - Las lágrimas empezaron a caer de mis ojos. - Mi niña no te muevas mucho, llevas casi tres días dormida - Senti como Luisa se acercaba y me daba besos en la frente. - No lo puedo creer, pensé que ya estaba muerta - Los ojos de Luisa me miraron fijamente y yo comprendí lo que quiso decir - Lo siento, pero cuando caí al suelo solo recuerdo que todo se volvió oscuro, por cierto... ¿Cómo está Joaquín? - Luisa se dirigió a la ventana y solo suspiró - ¿Amor? - - Joaquín no sobrevivió, el te salvó de que las balas no llegarán a ti del todo - Luisa me acarició y volvió a tomar mi mano - No quiero que sientas culpable, porque te conozco, ahora debes descansar, mañana hablaremos de dos temas importantes - Quería llorar y decir algo. - Pero... - Fui interrumpida por sus labios. - Pero nada, vas a descansar - Sentí como ella volvió a tomar su lugar a lado de la camilla y sostenía mi mano, yo no pude moverme mucho pero quería ver su rostro. - Te amo - susurre mientras mis ojos se cerraban - Yo te amo más - Ella igual se volvía a quedar dormida. Al amanecer, vi como Yasha el amigo de mi gran amor abría la puerta con el desayuno. - Amalia, ya despertaste... - Se quedó congelado y después del pequeño shock termino dirigiéndose a la puerta - Le avisaré a la enfermera que ya despertaste - Yasha cerro la puerta de un portazo el cual termino despertando a Luisa. - ¿Qué pasó? - dijo ella con sus ojos aún cerrados. - Nada, Yasha se asustó fue por una enfermera jeje - reí nerviosa. - Hay mi niña, pensé que el hayas despertado era un sueño pero ya veo que aquí estás mi pequeña - Me besaba la frente. - Amor, jeje no puedo moverme mucho - Ella se detuvo y volvió a sentarse, ambas dirigimos la mirada a la puerta pues la enfermera había llegado. - Buenos días señoritas, solo voy a revisar a la paciente de rutina - Dijo con una sonrisa amable. - Si, esta bien - Respondí - Dígame señorita, ¿le duele algo? - - Solo cuando intento moverme, pero mientras me mantenga en una sola posición no me molesta - - ¿Le duele la cabeza? o ¿se siente fatigada? - la enfermera anotaba todo y me veía con serenidad. - Pues me siento bien en general, solo tengo un poco de hambre y los dolores si hago movimientos bruscos - la enfermera solo asintió. - De acuerdo, si llega a sentir alguna otra molestia puede hablarme a mi o alguna otra de mis compañeras, le pasaré el reporte a mi compañera y en un momento más le traen su desayuno - la enfermera se retirá y Yasha solo toma asiento. - ¿Cómo estás Amalia? - me regaló una sonrisa. - A decir verdad, me siento bien. Solo un poco de conmoción por lo que pasó y dolor cuando intento hacer algún movimiento o intento levantarme - Luisa pone su cabeza sobre la camilla. - Estaba muy preocupada, extrañé tu voz y tu tacto - Vi como el rostro de mi amada se llenaba de lágrimas - Mi amor, no llores me harás llorar a mi... Aquí estoy, contigo y no me iré - Intentaba acariciar su rostro y secar sus lágrimas. - Les daré privacidad, yo aún tengo que ir a trabajar y yo solo vine a dejar el desayuno de Luisa, se cuidan bebés - Yasha salió de la habitación. - Amalia, quería hablar sobre algo importante - Luisa tomo mi mano y la beso. - Claro mi amor, ¿qué pasá?- noté como su tez morena se ponía colorada, estaba nerviosa. - ¿Has pensando en ser madre? - mi cara mostraba sorpresa pero estaba esperando que ella me tocara ese tema algún día. - Si lo he pensado, no sabes cuánto he esperado que tocara ese tema conmigo - Luisa se río un poco. - Jaja, y ¿porqué no lo habías hablado tú? - - Por que me daba miedo como reaccionarias - le hice un pequeño puchero. - Pues, después de la muerte de Joaquín - su mirada se apagó momentáneamente - su hija quedó en una casa hogar... no se si te gustaría adoptarla -. - Cariño, claro que sí, mi sueño siempre ha sido ser madre y tener una hija - Le sonreí - vamos a adoptarla - Luisa sonrió. - Claro mi niña, le hablaré Roberto, para que se encargue de apartarnos los trámites - Ella se arrodilló - Pero antes, se que no es el lugar indicado y esta era la sorpresa para la cena de hace dos noches - vi como sacaba una cajita - Amalia Tecades, ¿te quieres casar conmigo? - Mis ojos se iluminaron, ya no solo seríamos unas pareja, seriamos un matrimonio formal. - Si, acepto Luisa, si quiero casarme contigo - - ¡No!, ¡No te puedes casar con ella! -Me quedé congelada cuando vi a alguien más entrar, mi corazón latio muy rápido hace años que no sabia de ella y no la veía... - Ikal... ¿qué haces aquí?, Vete - Luisa vio que yo me puse mal y la máquina a la que estaba conectada empezó a sonar. - Ikal vete ya - Luisa la sacó y llamo a una enfermera empezaba a sentir que todo me daba vueltas. Otra vez todo se volvió negro... ♡■♡■♡■♡■♡■♡■♡■♡ Amalia se estaba poniendo mal y todo por que esta perra de Ikal entró. La saqué y tuve que ir por una enfermera, cuando intente entrar me sacaron de la habitación, jale a Ikal del cuello de su camisa. - ¡¿Qué demonios haces aquí?!, ¡Casi la matas! - Ikal nunca había visto así de molesta a Luisa. - Solo quería verla - Le solté un puñetazo el cual la hizo escupir un poco de sangre. - No tienes nada que hacer aquí - La soltó, Ikal salió corriendo del lugar. Estaba desesperada, solo un poco de felicidad... y todo se había echado a perder por esa idiota, sin duda Ikal Canmoo lo arruinó de nuevo.
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